¿Quien eres tú?

Un espacio para crecer y compartir...

martes, 21 de septiembre de 2010

La Sabiduria


La Sabiduría del Silencio Interno
Texto Taoista


Habla simplemente cuando sea necesario.
Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca.
Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi.

De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.
Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.

No te quejes y no utilices en tu vocabulario palabras que proyecten imágenes negativas porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil qué decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.

Aprende a ser como un espejo: Escucha y refleja la energía.

El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo que la naturaleza nos ha dado, porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.

Si te identificas con el éxito, tendrás éxito.

Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos.

Así podemos observar que las circunstancias que vivimos
son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna.

Aprende a ser como el universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios.

Porque siendo como un espejo sin emociones aprendemos a hablar de otra manera.

Con el poder mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales
y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permite una comunicación sincera y fluida.

No te dés mucha importancia, y sé humilde, pues cuanto más te muestras superior, inteligente y prepotente, más te vuelves prisionero de tu propia imagen y vives en un mundo de tensión e ilusiones.

Sé discreto, preserva tu vida íntima, de esta manera te liberas de la opinión de los otros y llevarás una vida tranquila volviéndote invisible, misterioso, indefinible, insondable como el Tao.

No compitas con los demás, vuélvete como la tierra que nos nutre, que nos da lo que necesitamos.

Ayuda a los otros a percibir sus cualidades, a percibir sus virtudes, a brillar.

El espíritu competitivo hace que crezca el ego y crea conflictos inevitablemente.

Ten confianza en ti mismo, preserva tu paz interna evitando entrar en la provocación y en las trampas de los otros.

No te comprometas fácilmente.
Si actúas de manera precipitada sin tomar conciencia profunda de la situación, te vas a crear complicaciones
La gente no tiene confianza en aquellos que muy fácilmente dicen “sí”, porque saben que ese famoso “sí” no es sólido y le falta valor.

Toma un momento de silencio interno para considerar todo lo que se presenta y toma tu decisión después.

Así desarrollarás la confianza en ti mismo y la sabiduría.

Si realmente hay algo que no sabes, o no tienes la respuesta a la pregunta que te han hecho, acéptalo.

El hecho de no saber es muy incómodo para el ego porque le gusta saber todo, siempre tener razón y siempre dar su opinión muy personal.

En realidad el ego no sabe nada, simplemente hace crer que sabe.

Evita el hecho de juzgar y de criticar, el Tao es imparcial y sin juicios, no critica a la gente, tiene una compasión infinita y no conoce la dualidad.

Cada vez que juzgas a alguien lo único que haces es expresar tu opinión muy personal y es una pérdida de energía, es puro ruido.

Juzgar es una manera de esconder sus propias debilidades.

El sabio tolera todo y no dirá ni una palabra.

Recuerda que todo lo que te molesta de los otros es una proyección de todo lo que todavía no has resulto de ti mismo

Deja que cada quien resuelva sus propios problemas y concentra tu energía en tu propia vida.
Ocúpate de ti mismo, no te defiendas.

Cuando tratas de defenderte en realidad estás dándole demasiada importancia a las palabras de los otros y le das más fuerza a su agresión.

Si aceptas el no defenderte estás mostrando que las opiniones de los demás no te afectan, que son simplemente opiniones y que no necesitas convencer a los otros para ser feliz.

Tu silencio interno te vuelve impasible.
Haz regularmente un ayuno de la palabra para volver a educar al ego que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo

Practica el arte de no hablar.
Toma un día a la semana para abstenerte de hablar.
O por lo menos algunas horas en el día
según lo permita tu organización personal.
Este es un ejercicio excelente para conocer y aprender el universo del Tao ilimitado en lugar de tratar de explicar con las palabras qué es el Tao.

Progresivamente desarrollarás el arte de hablar sin hablar y tu verdadera naturaleza interna reemplazará tu personalidad artificial, dejando aparecer la luz de tu corazón y el poder de la sabiduría del silencio.

Gracias a esta fuerza atraerás hacia ti todo lo que necesitas para realizarte y liberarte completamente.

Pero hay que tener cuidado de que el ego no se inmiscuya.
El poder permanece cuando el ego se queda tranquilo y en silencio.

Si tu ego se impone y abusa de este poder el mismo poder se convertirá en un veneno, y todo tu ser se envenenará rápidamente.

Quédate en silencio, cultiva tu propio poder interno.

Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo.

No trates de forzar, manipular y controlar a los otros.

Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser.

Dicho en otras palabras, vive siguiendo la vida sagrada del Tao

viernes, 17 de septiembre de 2010

Reencuentros..

Después de bastante tiempo sin encontrar un estado de inspiración, he encontrado este texto que de algún modo me ha hecho entender que me ha estado pasando estos últimos tiempos...

Que fácil resulta a veces volver a caer en la inconsciencia, y que enorme cantidad de regalos y nuevos aprendizajes trae consigo la experiencia del reconocimiento de lo que "es", de lo que "soy", de lo que "somos"...

Olvidar que la vida es un maravilloso regalo, y que yo soy un maravilloso regalo para la vida, que tú eres un maravilloso regalo para la vida y para mi, .... duele mucho!!!

Pero la intensidad de ese dolor es la energía que impulsa el cambio, que me ayuda a despertar, a ser, a sentir, a amar, a vivir...

Un abrazo radiante y mucha luz!!!

Fran



Mis ojos son tus ojos. Sentimos en un mismo corazón.
Respiramos al unísono la magia del universo. Amamos con
idéntica pasión. Nuestra sangre brota desde la misma
vertiente. Vengo en tu búsqueda para reencontrarme en la
luz. Nuestra danza multiplicará la vibración del amor.
Más allá de la ilusión, somos Uno.

El discurso ensordecedor y uniforme de los dormidos anuló
mi capacidad de vuelo. Ató mis alas con palabras sin alma.
Te percibí distante. La mente social me convenció de que
sólo los locos escuchan al corazón. De manera
imperceptible, levantaron muros para que creciera la
indiferencia y germinara la desconfianza. Amparados en
cuestiones de raza, sexo o religión, me obligaron a
mirarte como si fueses un extraño. ¿Fue así como
sucedió? ¿Acaso soy una víctima? Ilusión, así se llama
este juego.

Me vivencié como si fuese otro para poder conocerme.
Necesité fragmentarme para sentirme. Me costó comprender
que si te dañaba me dañaba. Verme en otros pies me hizo
suponer que éramos distintos. La distancia entre los
cuerpos ayudó a generar esa falsa percepción de
separación. Me hablé con otras palabras. Me odié y amé
sin saberlo. En boca de ese otro yo, mi voz sonó ajena,
poco familiar. Incluso creí que esas lágrimas que
corrían por tu rostro nada tenían que ver con mi vida.
¡Ilusión!

Necesito escribirme, por eso te escribo. Llegó el momento
de despertar a cada una de mis partes. Ese que hoy mata soy
yo. Ese que hoy roba soy yo. Ese que sufre soy yo. También
soy ese que sonríe, ese que celebra y también el que
agradece. Necesito alinear mi esencia. Quiero danzar y
vivir en armonía. Cierra los ojos. Siénteme. Recuerda?
Más allá de la ilusión, somos Uno.

http://www.tuluzinterior.com
Spirit

miércoles, 23 de junio de 2010

Mirándome a través de tí..

Este video lo han colgado hay en el Facebook hecho por Marta Centellas, un ser lleno de luz... Gracias Marta por tu inspiración..

Fran

Una gran lección...

Sin comentarios...

Fran


viernes, 11 de junio de 2010

miércoles, 2 de junio de 2010

Un puente a la realidad.- Se tu mismo

Hola amig@s!!

Hoy, gracias a un mail que me ha mandado una amiga, he descubierto esta página en la que solo encontrarás auténtica inspiración.

Aquí os dejo uno de los vídeos que podréis encontrar en www.unpuentealarealidad.com

Mucha luz!!

Fran

viernes, 14 de mayo de 2010

COMENTARIOS SOBRE EL AMOR Y LA RELACIÓN HUMANA.- A. Blay

Un extracto de un texto de Antonio Blay que me parece maravilloso... buena lectura!!

Fran

El amor en sí mismo

Amor es un nombre demasiado genérico al que pueden darse (y se dan) muchas interpretaciones. Generalmente cubre todo lo que son manifestaciones de un sentimiento benévolo, de un sentimiento de afecto, de un sentimiento y de una voluntad al bien en relación con otra persona o en relación con todo lo que existe. O sea, normalmente, el amor se refiere a un modo de relación. Pero yo diría que el amor en su sentido más genuino no es esto. Yo diría que este modo de relación es la consecuencia del amor. Yo diría que el amor de algún modo es algo inherente, intrínseco, a nuestra realidad más profunda, más íntima, y sólo cuando esta realidad íntima, profunda, de uno mismo se abre paso, entonces es cuando se manifiesta en esta relación que llamamos amor. Pero si no existe esta movilización o actualización de este núcleo central, entonces nada podrá hacer que mi modo de actuar sea realmente amor, aunque lo imite.

El amor es la conciencia de unidad, conciencia de unidad en mi interior conmigo mismo, cuando yo en mi interior tengo una conciencia simple y única que lo incluye todo. Pero a la vez es conciencia de unidad en relación con todo, porque de Unidad sólo hay una. Esta conciencia del Ser que en sí lo contiene todo, que en sí se expresa a través de todo, que en sí lo reúne todo, es esa plenitud de Ser, es esa conciencia subjetiva del Ser, que luego se manifestará exteriormente con esa constante tendencia a relacionar, a unificar, a hacer semejante todo lo que es diferente, a aproximar todo lo que es distante. Pero esa relación es sólo una consecuencia.

El amor es la conciencia subjetiva de Ser. No esta noción subjetiva de ser muy inteligente, muy intelectual, sino cuando la conciencia puede estar centrada en ese núcleo central de Ser. Cuando la conciencia deja de estar ausente de su centro; cuando deja de intentar vivir lo exterior en sustitución de ese centro.

El amor es lo que intuimos nosotros como el estado perfecto, como la realización subjetiva perfecta, óptima. En este sentido, Amor es igual a gozo, alegría, belleza, armonía, felicidad, plenitud. Y esta es nuestra naturaleza intrínseca profunda; así ¿qué es lo que nos impide vivir, ser eso que realmente somos, realizar eso que somos? Yo diría que hay tres factores que son los que aparentemente tienen la responsabilidad de que no vivamos esa plenitud que es nuestra propia naturaleza.

Factores contrarios a la vivencia del amor

1. Falta de crecimiento.

Esta carencia ocupa el primer lugar. Lo que significa que como nuestra conciencia se va desarrollando a medida que nosotros vamos ejercitándola a través de nuestra facultades y de nuestras funciones en las experiencias del vivir, en la medida que esta vida que vivimos es pobre, es limitada y está por debajo de nuestras posibilidades (muy por debajo de nuestras demandas), entonces no se puede llegar a vivir una plenitud -la plenitud posible en el momento-, porque no hemos potenciado, no hemos actualizado, nuestra capacidad de vivir, de ser conscientes (la que realmente tenemos en este momento); es decir, es una vida pobre, falta de desarrollo.

Los otros factores también son muy importantes porque de un modo u otro nos afectan a todos. Son el temor y el odio, porque son las dos formas que se contraponen al amor.

2. El temor

Este es siempre la consecuencia de un insuficiente desarrollo del amor; allí donde hay amor no hay temor. En la medida en que hay temor no hay sitio para el amor, en esa misma medida. La persona que se lamenta de tener miedos, que se da cuenta de los miedos que tiene (aunque nos cuesta mucho darnos cuenta de todos los miedos que tenemos), ha de saber que esos miedos son una expresión directa de una falta de amor, en aquellas formas o desde aquellas formas que señalan los miedos. La persona puede amar mucho en otros momentos, a través de otros sectores de la personalidad; pero allí en aquellas zonas interiores o en relación a los aspectos de la vida donde uno siente temor, que sepa que es porque allí no hay suficiente amor, no se ha ejercitado activamente el amor en aquella dirección. El amor, ejercitado, desarrollado, elimina totalmente el temor. Ya se ve que en este sentido el amor ha de tener una característica de fuerza, de potencia. No hemos de confundir el amor sólo en el aspecto sentimental, la cual es una faceta expresiva del amor. El amor tiene un sentido de plenitud, de afirmación total; y esto implica una gran concentración subjetiva de energía.

3. El odio.

Este es el otro aspecto que se opone al amor. Quizá sorprenda la palabra odio, que es fuerte, porque muchas personas dirán que no sienten odio, que no tienen odio contra nadie, al contrario; pero es que el odio es algo muy particular que sabe esconderse y adoptar muchas formas que lo hacen irreconocible muchas veces.

¿Qué es el odio? El odio es un amor que se cierra en una fórmula mental muy pequeña, egocentrada, y que tiende a convertir algo del individuo en absoluto; y por lo tanto, que tiende a excluir a todo el resto. O sea, no existe una polaridad amor-odio en un sentido profundo, en un sentido último; en un sentido último sólo existe el amor. Pero en un sentido operativo en nuestra conciencia, en un sentido de manifestación en nuestro campo completo de experiencia, el amor puede adoptar la forma de odio cuando se centra en una unidad muy pequeña y excluye, rechaza activamente, todo lo demás.

Quizá alguien seguirá pensando «yo no tengo este rechazo activo para todo lo demás». Pero es necesario saber que una de las formas más frecuentes del odio se manifiesta como un sentimiento de culpabilidad. Cuando nosotros hacemos algo que nuestra conciencia nos dice que está mal hecho, se produce automáticamente un rechazo de uno mismo, una oposición contra uno mismo, un menosprecio..., además del dolor que pueda producir una transición hacia un propósito de cambio, etc. etc. Aquí lo interesante es ver esta reacción. Siempre que hemos hecho algo que está mal, eso produce en nosotros una autocrítica negativa, un rechazo de nosotros mismos. ¿Por qué me rechazo a mí mismo? No es que rechace aquello «malo», pues si yo rechazara aquello «malo» se acabaría el problema y no se produciría ninguna consecuencia negativa. El problema es que me rechazo yo.

El rechazo a uno mismo

¿Por qué me rechazo yo? Porque tiendo a vivir constantemente una idea de mi propio valor. Yo me estoy juzgando y valorando constantemente. Y este juicio y valoración que hago de mí, es en la mente que la hago; es la idea de mí. Esta idea de mí tiene una configuración determinada y tiende hacia un modo ideal que yo quiero llegar a ser, lo cual es otra idea. Entonces, cada vez que en mi experiencia se produce algo que se opone a ese yo ideal al que tiendo, al que deseo llegar, se produce entonces un rechazo, una protesta contra mí mismo por ir en contra de esta imagen. Es como si yo me valorara y me afirmara en la medida en que me veo acercarme a este yo ideal. Pero yo me critico y me menosprecio en la medida en que yo me alejo de él. Esto produce entonces un grado de odio, un grado posiblemente leve, pero que es odio; o sea, que lleva un signo totalmente negativo.

Hay algo de mí que yo quiero excluir, que quiero negar, y ese algo que quiero negar no es el defecto, sino la idea global de mí con el defecto. Y por esto, me rechazo a mí, por esto me deprimo, por esto tengo una baja en todo lo que es ánimo, en todo lo que es actitud abierta, activa, sintónica. Todo yo desciendo en mi capacidad de vivir, de comprender, de amar; se produce un descenso, un replegamiento. Es como si realmente yo fuera menos, porque yo me vivo como menos a causa de que me juzgo como menos. Por lo tanto, es el yo que está implicado, no un defecto, no un rasgo, no un error, es todo el yo que queda juzgado, del mismo modo que es todo el yo que queda aplaudido cuando surge algo en mí que va a favor de esta afirmación que busco. O sea que estamos viviendo las situaciones no tal como son sino que las estamos viviendo estando en juego el personaje, en función del personaje que queremos llegar a ser.

Así, es el rechazo de este personaje el que genera este grado de odio, y cuando se retiene dentro se convierte en un sentimiento de culpabilidad: «yo valgo menos, luego yo no merezco lo más»; de este modo, yo no puedo tener acceso a lo bueno en la medida en que yo me valoro y me siento como malo. Y es totalmente imposible que yo pueda llegar a vivir algo plenamente positivo mientras mantenga dentro de mí el menor grado de sentimiento de culpabilidad, porque yo mismo me estoy castigando, es mi propia mente que me impide aceptar nada que tenga un carácter totalmente positivo.

Si nosotros conseguimos eliminar el miedo y el odio, entonces el vivir el amor es algo completamente natural, inevitable. ¿Cómo se elimina este sentimiento de culpabilidad? Del mismo modo que se elimina el sentimiento de inferioridad. Hemos dicho que el temor (y el sentimiento de inferioridad es un modo de temor) se elimina cuando podemos amar en aquellas situaciones exteriores (o zonas interiores) en donde nosotros sentimos el temor. Respecto a la culpabilidad es exactamente igual: que yo sea capaz de perdonarme a mí mismo.

Eso significa que el amor ha de superar al juicio de negación, que yo no he de mantener en alto este criterio de justicia inflexible que me he impuesto sino que permita que el amor sea más fuerte, más importante, que este rigor en este juicio personal. Cuando yo consigo amar más que juzgar, entonces desaparece totalmente el sentido de culpabilidad. Hay que amarse a sí mismo, no sólo amar a los demás, porque esta es una de las características del sentimiento de culpabilidad: pretender amar mucho a los demás, (porque uno se ama poco a sí mismo, o eso es lo que cree); se intenta compensar este sentimiento negativo de sí tratando de ser mejor para con los demás. Este es un juego que no se acaba nunca, porque la fórmula es incorrecta. Si el juicio lo hago sobre mí es este juicio que yo he de poder invalidar con una ley superior a la de la justicia rigurosa, y esta ley superior es la ley del amor, del amor, generosamente, para sí mismo.

No hay nada que justifique que nosotros vivamos negativamente, que nos sintamos negativamente. El amor es la plena presencia de mí, afectiva, ante toda situación. Y esto podemos tratar de hacerlo.

La relación humana

El punto más importante, el punto capital en la relación humana, es éste:

Cuando yo vivo en el mundo de las circunstancias, cuando yo trato con alguien, ¿espero algo de ese alguien, me apoyo en lo que voy a conseguir de esta persona? Es decir ¿establezco una relación dependiendo del objeto, o mi relación se apoya en el sujeto? En la medida en que yo vea lo otro como importante para mí, yo estaré dependiendo de lo otro: que una persona me entienda, que me acepte, que un asunto me salga muy bien, o algo parecido. Entonces yo quedo supeditado al objeto, y ya no vivo mi realidad sino que vivo la realidad de lo otro. Y condiciono mi realidad, mi felicidad, mi satisfacción, a la incidencia que ocurra en relación con lo otro (o con el otro). Y esto, de entrada, es una posición errónea. Yo he de vivir siempre, en todo momento, lo que Soy; y desde ahí vivir abierto a todo lo demás. No es que yo me quede encerrado en esto que soy, sino que desde ahí, yo quede totalmente disponible, abierto, para crecer en la conciencia de lo otro.

Yo y el otro

El otro es otra dimensión de mi conciencia, cuando yo me abro al otro y trato de comprenderlo, entenderlo, aceptarlo. Pero sólo cuando yo estoy instalado en la conciencia que es mi Yo real podré abrirme al otro, a mi otra conciencia, sin alterar, sin renunciar para nada a lo que yo soy. Será una expansión de conciencia, no una supeditación de conciencia. Por esto yo aconsejo tanto que se desarrolle esta base de sujeto, de conciencia que yo vivo como mía. Todo lo que yo percibo, conozco, valoro, son dimensiones de mi conciencia; pero para ordenar y unificar todos los contenidos de mi conciencia debe haber un sentido de organización, un valor jerárquico, y el valor jerárquico, de momento de un modo inmediato, soy yo, como centro de todos los demás sectores.

Cuando yo vivo mi relación con otra persona desde la plenitud de mi conciencia propia, entonces se trata de un enriquecimiento que hago de mí mismo, nunca habrá un litigio, nunca habrá conflicto, porque sé que el otro no constituirá un peligro. Cuando vivo centrado, el otro nunca es peligro, siempre es oportunidad. No es peligro porque no puede quitarme nada de lo que soy, no puede lesionarme nada de lo que es mi naturaleza esencial. En cambio siempre es oportunidad porque es un medio de expansión de mi conciencia existencial. Cuando yo puedo comprender y aceptar al otro, yo vivo en el otro, siendo el otro. Yo me realizo existencialmente expandiendo mi conciencia de ser, que incluye al otro. No al otro como objeto, sino al otro desde sí mismo, al otro como expansión de mi conciencia de sujeto. El otro es otro modo de ser de mí mismo. Cuanto más yo miro dentro de las personas, más descubro que somos iguales. Las diferencias solamente son periféricas; cuanto más adentro voy, mayor igualdad... hasta llegar a una total identidad... en el centro.

El Centro inclusivo

Cuando yo vivo mi centro es cuando descubro el centro de los demás. Cuando yo vivo mi conciencia profunda es cuando descubro mi parentesco con los demás. Cuando yo vivo sólo lo externo es cuando vivo lo que me separa totalmente de los demás. Por lo tanto, el lugar desde dónde yo vivo es lo que señala mi capacidad de vivir. Si vivo lo periférico el otro será para mí un ser distinto, el cual podrá ayudarme o oponérseme, pero siempre como un ser diferente. Cuando yo vivo desde mi conciencia interna el otro es alguien que resuena como yo, que tiene unos modos muy semejantes a mí, que tiene el mismo argumento básico de existencia y que participa de lo que yo vivo -y yo de lo que él vive-, me dé cuenta o no. Y cuando llego más al centro descubro que hay una profunda identidad de sujeto último.

Esta profunda identidad de sujeto último no la realizo como identidad de mí, sino como realidad e identidad última del Ser. Podríamos decir que descubro que él y yo somos uno; que es lo mismo que descubrir que él y yo somos en Dios. Somos uno en el Centro de los centros, en el Centro Supremo que llamamos Dios.

Cuando yo soy capaz de estar atento a mí y al otro, descubro este nuevo centro, que no es ni yo ni el otro; este nuevo centro es el centro de mi centro, y a la vez es el centro del otro centro. O sea que yo descubro mi identidad última, central, con el otro, a través de mi vivencia de la presencia, central, de Dios.

Todo esto es experiencia, todo esto es posible; si lo trabajáis podréis llegar a ello. No se trata de ideas que he de aceptar porque me gustan, sino que son para experimentarlas. No se trata de pensar: «dentro del otro está Dios y he de esforzarme en creerlo»; no se trata de esto. Se trata de que yo viva mi conciencia de ser, que descubra lo que hay detrás de eso, y entonces que trate de vivir lo que hay detrás en el otro. Y veré que me es imposible vivir simultáneamente el estar detrás mío y el estar detrás en el otro, si no voy a un punto detrás y encima de todo. A un punto que une absolutamente todas las cosas. De ahí el sentido tan profundo de esta frase misteriosa que encontramos en el evangelio, que dice: «Cuando dos o más estuvierais reunidos en mi nombre allí en medio estoy yo».

O sea que cuando alguien tiene que estar con otras personas y se sitúa en lo que ocurre (por encima), no en yo, no en él, sino en lo que ocurre, entonces descubrirá una conciencia más allá de su conciencia personal. Esta conciencia es lo único que centra todos los centros, es la Conciencia Superior, el Ser Supremo. De ahí que el estar presentes, muy profundamente presentes a la situación individual y de grupo, es un medio poderosísimo para el desarrollo de la intuición y para el crecimiento de la conciencia espiritual.

viernes, 30 de abril de 2010

Los diez secretos del Amor abundante



Adam J. Jackson

Una moderna parábola de sabiduría y amor que cambiara tu vida ... No existe mayor error en la vida que mostrarse cínico ante el amor.

Cuando llegues al final de tu vida, lo único que contara será el Amor que has dado y has recibido. En tu viaje al otro mundo, lo Único que te llevaras contigo es amor y lo único de valor que Dejaras atrás es amor ...

Por eso el amor es el mejor regalo de la vida. Le da sentido y lo Hace merecedora de ser vivida.

El amor no es algo que sucede, es algo que creamos y todos tenemos esa capacidad.

Para amar realmente, debes de comprender a esa persona, necesitas Conocerla y respetarla. Es preciso que su bienestar te preocupe de Verdad.

Para amar a una persona de verdad debes de verla por dentro ( su Naturaleza, su espíritu o su alma). Hay cosas que no pueden contemplarse con los ojos. En el amor lo esencial solo puede verse con el corazón.

" todos tenemos el poder de amar y de que nos amen y la capacidad para crear relaciones amorosas en nuestra vida. Por eso es tan triste que la gente decida vivir sin amor"

El amor esta disponible para todo el mundo, pero debemos elegirlo.

En la vida logras lo que eres, y eres lo que logras. Las relaciones no aportan el amor, nosotros ponemos amor en la relación. Cuando somos cariñosos , una relación cariñosa surge inevitablemente.

Si deseas amor, debes de renunciar a tus miedos y estar dispuesto a no dejar pasar las oportunidades.

Para ello debes de conocer los diez secretos del amor abundante.

EL PRIMER SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DEL PENSAMIENTO:

El amor comienza con el pensamiento. Nos convertimos en lo que pensamos.

Los pensamientos amorosos crean experiencias y relaciones amorosas.

Las afirmaciones pueden cambiar nuestras creencias y pensamientos acerca de nosotros mismos y de los demás.

Si quieres amar a alguien, necesitas tener en cuenta sus necesidades y deseos.

Pensar acerca de tu pareja ideal te ayudará a reconocerla cuando entre en tu vida.

EL SEGUNDO SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DEL RESPETO:

No puedes amar a nada ni a nadie a menos que antes lo respetes.

La primera persona que merece tu respeto eres tú.

Para recuperar el respeto por ti mismo, hazte la pregunta: ¿Qué

respeto en mí?

Para respetar a los demás, incluso a las personas que te desagradan, pregúntate: ¿Que respeto de ellos?

EL TERCER SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DE LA ENTREGA:

Si deseas recibir amor, ¡todo lo que tienes que hacer es darlo!

Cuanto más amor entregues, más recibirás.

Amor es entregarte sin condiciones y voluntariamente.

Practica al azar actos de bondad.

Antes de comprometerte a una relación, no te preguntes por lo que la otra persona te puede dar, sino por lo que tú puedes aportarle a ella.

La fórmula secreta de una relación amorosa, feliz y para toda la vida es centrarte siempre en lo que puedes dar en vez de en lo que puedes sacar de ella.

EL CUARTO SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DE LA AMISTAD:

Para encontrar un amor verdadero, primero debes encontrar a un amigo o una amiga verdadera.

El amor no consiste en mirar a los ojos del otro, sino en mirar juntos en la misma dirección.

Para amar a alguien de verdad debes amarlo por lo que es, no por su aspecto físico.

La amistad es la tierra en la que la semilla del amor crece.

Si deseas introducir amor en una relación, primero debes aportarle amistad.

EL QUINTO SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DEL CONTACTO FÍSICO:

El contacto físico modifica una de las expresiones más poderosas del amor que existe, destruye barreras y crea vínculos entre la gente.

El contacto físico altera nuestro estado físico y emocional y nos hace más receptivos al amor.

El contacto físico nos ayuda a que el cuerpo sane y enternece el corazón.

Cuando abres tus brazos, estás abriendo tu corazón.

EL SEXTO SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DEL DESPRENDIMIENTO:

Si amas algo déjalo libre. Si vuelve es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue.

Incluso dentro de una relación amorosa, la gente necesita tener su propio espacio.

Si queremos aprender a amar, primero debemos aprender a perdonar y

dejar ir nuestras heridas y dolencias del pasado.

Amar significa desprendernos de nuestros miedos, prejuicios, ego y condicionamiento.

Hoy dejo atrás todos mis miedos, el pasado ya no tiene poder sobre mí; hoy es el comienzo de una nueva vida.

EL SÉPTIMO SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DE LA COMUNICACIÓN:

Cuando aprendemos a comunicarnos abiertamente y con sinceridad, la vida cambia.

Amar a una persona es establecer comunicación con ella.

Deja que la gente a la que amas sepa que la amas y aprecias. Nunca tengas miedo a pronunciar las palabras mágicas: te quiero.

No dejes pasar la oportunidad de halagar a una persona.

Despídete de la gente siempre con palabras cariñosas: puede que sea la última vez que veas a esa persona.

Si estuvieras a punto de morir y pudieras llamar por teléfono a las personas que quieres, ¿a quién llamarías?, ¿qué le dirías?... ¿a qué esperas para hacerlo?

EL OCTAVO SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DEL COMPROMISO:

Si deseas amor en abundancia, debes establecer el compromiso de lograrlo, un compromiso que se reflejará en tus acciones y en tus pensamientos.

El compromiso es la verdadera prueba de que el amor está presente.

Si quieres tener una relación con amor, debes comprometerte a crear la relación que quieres.

Cuando estamos realmente comprometidos a algo o con alguien, abandonar nunca es la opción.

El compromiso distingue una relación frágil de una sólida.

EL NOVENO SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DE LA PASIÓN:

La pasión enciende el amor y lo mantiene vivo.

Una pasión duradera no procede exclusivamente de la atracción física, sino que se origina gracias a un profundo compromiso, entusiasmo, interés y fascinación por la otra persona.

La pasión se puede reavivar recreando experiencias pasadas en las que existe pasión.

La espontaneidad y las sorpresas crean pasión.

El amor y la felicidad comparten la misma esencia; todo lo que necesitamos hacer es vivir cada día con pasión.

EL DÉCIMO SECRETO DEL AMOR ABUNDANTE.

EL PODER DE LA CONFIANZA:

La confianza es esencial para establecer una relación con amor. Si un miembro de la pareja está cegado por la sospecha, la ansiedad y el temor, el otro se sentirá atrapado y emocionalmente ahogado.

No puedes amar a una persona plenamente a menos que confíes en ella.

Actúa como si la relación que mantienes con una persona nunca fuese a acabarse.

Una manera de saber si una persona es la adecuada para ti es preguntándote: ¿confío en ella plenamente y sin reservas? Sí la respuesta es negativa, piénsalo con cuidado antes de comprometerte más.

miércoles, 28 de abril de 2010

Cuando ya no tengas miedo.- María Pilar Merino

Un nuevo artículo de esta excelente autora que me parece lleno de fuerza y razón, profundamente inspirador...

Entrar en esta página de Discovery DSalud, y disfrutar de sus textos... son maravillosos!!!

http://www.dsalud.com/crecimiento_personal.htm

Gracias y abrazos!!


Cuando ya no tengas miedo.- María Pilar Merino

Las relaciones interpersonales se enmarcan entre dos fuerzas: el amor y el miedo. Y
ambas son excluyentes así que a mayor cantidad de amor menor es el miedo; y
exactamente lo mismo ocurre al contrario.

Mientras el amor nos impulsa a la unión, a la búsqueda de placer y a la entrega el miedo
lo hace hacia la separación, hacia el dolor y hacia la huida. Pero ocurre que el miedo es
una emoción poco agradable que a ninguno nos gusta reconocer y por eso hábilmente se
disfraza con múltiples ropajes. Sólo si somos capaces de ser honestos con nosotros
mismos buscando momentos de intimidad en los que uno mira hacia dentro buscando
respuestas descubre hasta qué punto es prisionero de ese sentimiento.

Es el miedo el que nos hace protegernos de los demás eligiendo disfraces, máscaras y
escudos detrás de los cuales nos sentimos más seguros. Sabemos, por otra parte, que
ellos hacen lo mismo, con lo cual establecemos relaciones basadas en el engaño, poco
estables, conflictivas y nada duraderas.

Imaginemos que nos plantamos frente a la persona con la que tenemos una relación más
fuerte y que nos preguntamos: ¿De qué tengo miedo? ¿Qué me da miedo de ti?
Esa simple pregunta, si se hace con profundidad, destapa la caja de Pandora. Porque
entre las respuestas nos vamos a encontrar que la mayoría de las cosas que figuran en
esa lista corresponden a miedos propios. Es decir, a emociones y sentimientos que nacen
de nosotros, que tienen más que ver con uno mismo que con la otra persona. De tal
manera que todas las frases se pueden formular también si cambiamos el sujeto.

Tengo miedo de no gustarte.
Tengo miedo de que no me entiendas.
Tengo miedo de que te vayas.
Tengo miedo de que no me aceptes.
Tengo miedo de que descubras cómo soy.
Tengo miedo de que no estés cuando te necesito.
Tengo miedo a tu no compromiso.
Tengo miedo de que no me valores.
Tengo miedo de que encuentres a alguien mejor que yo.
Tengo miedo de que me rechaces.
Tengo miedo de no cumplir tus expectativas.
Tengo miedo de que te aburras conmigo.
Tengo miedo de que me hagas daño.
Tengo miedo de que me quieras.
Tengo miedo de lo que pienses de mí.
Tengo miedo de entregarme a ti.
Tengo miedo de que me gustes.

Cualquier matiz que coloquemos en esa lista tendrá siempre una contrapartida en
nosotros. Recordemos que toda emoción, todo sentimiento, sea del orden que sea, antes
de llegar a la otra persona siempre pasa por nosotros puesto que surge de nuestro interior.
Es por tanto a nosotros a quien más afecta, a quien más beneficia -si es un sentimiento
positivo- y a quien más perjudica -si es negativo-. Y es que tantos miedos nos hacen
alejarnos de nosotros mismos, de quienes somos y de lo que sentimos; y a veces el
autoengaño es tan grande que nos creemos la imagen que nos hemos construido para
sobrevivir.

Hubo un tiempo en el que el miedo era vital para nuestra supervivencia como especie. Hoy
sigue siéndolo, sobre todo para alejarnos del peligro físico. Si no tuviéramos miedo
estaríamos arriesgando constantemente la vida. Lo malo es que ese mecanismo de
defensa tan bien "armado" por la naturaleza, al no encontrar situaciones de peligro -pues
vivimos en un mundo mucho más seguro- necesita otra vía de escape. Y la encuentra a
través del mundo emocional.

La mente, como dueña y señora de nuestro universo, construye la realidad a cada paso
que damos. Redibuja los hechos del pasado y proyecta nuestro futuro. Y nosotros
seguimos esa "línea del tiempo" como verdaderos autómatas, apenas conscientes del
paisaje que atravesamos.

Sólo en determinados momentos de crisis es cuando nos paramos a replantearnos si
verdaderamente estamos haciendo lo que queremos. Es cuando la vida nos da un golpe
que no esperamos, bien sea a través de un proceso de enfermedad, mediante la pérdida
de alguien querido o por problemas laborales, o económicos, o afectivos.
En esas ocasiones, como necesitamos encontrar respuestas, solemos preguntarnos: ¿por
qué me ha pasado esto a mí? Y para responder es necesario echar una mirada hacia
dentro y ver qué hay ahí. En la mayoría de las veces nos encontraremos con que estamos
viviendo algo que no tiene nada que ver con lo que dicta nuestro interior y que ni siquiera
recordamos qué decisiones nos han llevado tan lejos de nuestro proyecto original, del
propósito fundamental de nuestra existencia. Aunque lo más triste no es que hayamos
utilizado tal o cual camino sino que hayamos perdido de vista hacia dónde queríamos ir.
Siempre que nos desconectamos de nosotros mismos generamos miedo y éste, como una
tabla de salvación, nos ofrece una variada y atractiva colección de autoengaños. Cuando
estamos fuera de nuestro centro interno, ese punto esencial de quietud y equilibrio del que
nos hablan las filosofías orientales e, incluso, ese "reino de los cielos" del que nos
hablaba Jesús de Nazaret y que en realidad está dentro de cada uno, es cuando estamos
a merced de lo que sucede en el exterior, cuando dependemos de los demás y de las
circunstancias.

Así que, ¿cómo será mi relación contigo cuando ya no te tenga miedo? Pues entonces
podré disfrutar cuando estemos juntos... y también cuando no estés; podré mostrarme
abiertamente porque no habrá juicios entre ambos; y no sentiré que tengo que responder
a tus expectativas ni tú a las mías... porque no habrá expectativas entre nosotros. No
existirán modelos a los que parecerse. Podré colocarme frente a ti en determinados
momentos para mostrar las diferencias que nos enriquecerán a ambos y otras veces
podré caminar a tu lado pero siempre con seguridad. Me sentiré tan bien como cuando
estoy a solas, con esa tranquilidad interna de "estar en casa". En definitiva, no tendré
miedo porque estaré en mí, no en ti.

Sólo de esa forma uno comprueba que lleva las riendas de su vida. A veces he tenido esa
sensación durante un breve espacio de tiempo con alguna persona. Son momentos en
que caen todos los escudos y protecciones y el alma se muestra tal cual es al otro. Pero
sucede como en los instantes de éxtasis o iluminación: no se pueden mantener siempre.
Visitas el hermoso jardín de un paraíso inimaginable pero no puedes permanecer en él por
mucho tiempo. Aquí sucede lo mismo: gozas durante un rato de la plenitud que supone la
comunicación con otro ser sin ningún miedo de por medio, percibes tu esencia al
reconocerte en el otro y después, cuando ese momento mágico se acaba, has de volver a
la "realidad" cotidiana en la que todavía imperan otras reglas del juego.

Sin embargo, esos momentos son tremendamente importantes porque nuestro cerebro -
perfectamente diseñado aunque no siempre bien utilizado- registra todo aquello que
vivimos y lo archiva y almacena de tal modo que esa experiencia de manifestación de
nuestro ser se convertirá en un faro encendido que periódicamente nos recordará que eso
es posible, que nosotros lo experimentamos en un momento determinado y que en
cualquier momento podemos vivirlo de nuevo. Y así, gracias a ese recuerdo sabemos que
podremos dirigir nuestra brújula hacia ese punto.

María Pinar Merino

Artículo extraido de: http://www.dsalud.com/crecimiento_numero65.htm

Ese instante mágico...., por Marta Centellas, de Universos de Conciencia

Hoy me permito el lujo de poner un texto de Marta Centellas, que ha salido publicado en su facebook y que podeis encontrar en el enlace http://www.facebook.com/notes/universos-de-conciencia/ese-instante-magico-por-marta-centellas/436634478437

Me ha encantado, y os recomiendo esta página porque es realmente transformadora... gracias Marta!! (con tu permiso ;-))



Ese instante mágico...., por Marta Centellas, de Universos de Conciencia


Vivimos inmersos en una ilusión que nos atrapa sin dejarnos despertar...

Ilusión que no nos deja percibir la realidad tal cual es…que nos envuelve de situaciones incómodas…que nos genera problemas…

Vivimos en una Ilusión que nos regala interpretaciones distintas a lo que vemos, sentimos, escuchamos, vivimos…que nos genera una importancia personal limitante…que nos desconecta de estar presentes en nuestra vida…

Y allí…en esta ilusión podemos permanecer toda la vida sin apenas darnos cuenta…

Pero llega un día, un momento, un instante, que uno cierra los ojos y simplemente se detiene y se acalla…y en ese detenerse, en ese silencio, descubre que no habiendo nada…nada de lo que hasta ahora conformaba su “realidad”…nada de lo que hasta ahora le había acompañado en su “sentir”…descubre que en ese instante de vacío, ese vacío está lleno de todo…un todo que no había visto ni conocido antes en su “realidad”…pero un todo que le es infinitamente familiar…un todo donde uno se reconoce….un todo que impregna cada célula de su piel…un todo que siempre más formará parte de él…un todo que nunca más podrá olvidar…

Pero ese momento…ese momento en que se encuentra inmerso en la nada más llena que nunca antes hubiese podido experimentar, desaparece….desaparece volviéndolo a “su realidad”…a su ilusión… ilusión donde uno ya no se percibe como el mismo, porque ha aprendido que su realidad, ya no es real, solo permanece en ella…pero ya no es real…

Y es aquí, cuando uno, toma la decisión más importante a la cual se enfrentará, la decisión que determinará su existencia, la decisión de su vida: Permanecer y vivir en ilusión…o hacer de ese instante, su instante eterno…

Es aquí, cuando uno, sabe que ha de sacar todo aquello que tiene para ir a hacer de ese instante vivido, de ese instante experimentado, de ese instante mágico, su día a día...

Es aquí, cuando uno, ha de empezar su trabajo más importante en su vida….hacer de ese instante, su instante permanente…

Y es aquí, cuando uno aprende que uno mismo es el único responsable de no permanecer en ese instante…

Y es aquí cuando uno aprende que su única batalla es contra él mismo y no contra el entorno…

Y es aquí cuando uno aprende que únicamente ha de deshacerse de aquello que ya está en él que lo dista de estar y permanecer en ese instante…

Y es aquí, cuando uno, conecta con el amor más incondicional que nunca antes ha podido conocer para adentrarse a aquello que está en él y que le aleja de estar y permanecer en ese instante…

Y es aquí, con ese amor incondicional como escudo que toma su lanza llamada humildad para adentrarse a reconocer sus miedos inconscientes, sus creencias limitantes, sus inseguridades y necesidades…

Y es aquí…cuando los reconoce, que solo puede estar agradecido de y por ello….agradecido de verlos y aprenderlos…agradecido por sentirlos…pues sabe que así sólo es la única manera que tiene de transmutarlos y disolverlos...

Y es aquí, que uno aprende a amar a su lado más oscuro…pues sabe que solo es oscuro porque nunca antes habían salido a la luz de forma consciente…y cuando lo hace, ese dolor lo abraza de la forma más amorosa que nunca antes había sentido y llega a amarlos de tal manera, que solo siente amor y gratitud por reconocerse…

Y es así…como poco a poco…haciendo consciente el inconsciente…iluminando la propia oscuridad…uno se hace más liviano siendo capaz de retener y guardar más energía…

Energía que le sirve para reeducar de nuevo la mente a estar Aquí y Ahora…

Y en el Aquí y en el Ahora es donde encuentra ese instante mágico que un día le cambió la vida para siempre…

Y es así, como uno…va haciendo de ese instante…su vida eterna…

Un gran abrazo con mucho amor…amor y fuerza para que cada uno encuentre ese instante mágico….instante que ya está en cada uno de nosotros, detrás de nuestro ruido mental…

Marta Centellas

martes, 27 de abril de 2010

MARIO ALONSO PUIG: LO QUE EL CORAZON QUIERE, LA MENTE SE LO MUESTRA ( Por Ima Sanchís)

Esta entrevista me gustó, la acabo de encontrar por ahi perdida, y aqui está...

Saludos!!


Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.

“un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas”


ENTRENAR


Hasta ahora lo decían los iluminados, los meditadores y los sabios; ahora también lo dice la ciencia: son nuestros pensamientos los que en gran medida han creado y crean continuamente nuestro mundo.
“Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional.
Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Hay que entrenar esa mente.


MARIO ALONSO PUIG :

Tengo 48 años. Nací y vivo en Madrid. Estoy casado y tengo tres niños. Soy cirujano general y del aparato digestivo en el Hospital de Madrid. Hay que ejercitar y desarrollar la flexibilidad y la tolerancia. Se puede ser muy firme con las conductas y amable con las personas.

Soy católico. Acabo de publicar Madera líder (Empresa Activa)
-Más de 25 años ejerciendo de cirujano.

¿Conclusión? 
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Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.
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¿Psiconeuroinmunobiología? 
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Sí, es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos. 
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¿De qué se trata? 
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Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal.
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¿Qué tipo de cambios? 
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Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
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¿Tenemos recursos para combatir al enemigo interior, o eso es cosa de sabios? 
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Un valioso recurso contra la preocupación es llevar la atención a la respiración abdominal, que tiene por sí sola la capacidad de producir cambios en el cerebro. Favorece la secreción de hormonas como la serotonina y la endorfina y mejora la sintonía de ritmos cerebrales entre los dos hemisferios.
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¿Cambiar la mente a través del cuerpo? 
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Sí. Hay que sacar el foco de atención de esos pensamientos que nos están alterando, provocando desánimo, ira o preocupación, y que hacen que nuestras decisiones partan desde un punto de vista inadecuado. Es más inteligente, no más razonable, llevar el foco de atención a la respiración, que tiene la capacidad de serenar nuestro estado mental.
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¿Dice que no hay que ser razonable? 
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Siempre encontraremos razones para justificar nuestro mal humor, estrés o tristeza, y esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando nos basamos en cómo queremos vivir, por ejemplo sin tristeza, aparece otra línea. Son más importantes el qué y el porqué que el cómo. Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.
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Exagera. 
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Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es una interpretación de la realidad.
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Más recursos… 
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La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades.
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¿Podemos cambiar nuestro cerebro con buenas palabras? 
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Santiago Ramon y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. 
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¿Seguro que no exagera? 
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No. Según cómo nos hablamos a nosotros mismos moldeamos nuestras emociones, que cambian nuestras percepciones. La transformación del observador (nosotros) altera el proceso observado. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos. 
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¿Hablamos de filosofía o de ciencia? 
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Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harward han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
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¿Cuál es el efecto de las palabras no dichas? 
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Solemos confundir nuestros puntos de vista con la verdad, y eso se transmite: la percepción va más allá de la razón. Según estudios de Albert Merhabian, de la Universidad de California (UCLA), el 93% del impacto de una comunicación va por debajo de la conciencia.
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¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? 
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El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona.
-La mayor parte de los actos de nuestra vida se rigen por el inconsciente. 
-Reaccionamos según unos automatismos que hemos ido incorporando. Pensamos que la espontaneidad es un valor; pero para que haya espontaneidad
primero ha de haber preparación, sino sólo hay automatismos. Cada vez estoy más convencido del poder que tiene el entrenamiento de la mente.
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Deme alguna pista. 
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Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos alteramos físicamente nuestro cerebro. El mayor potencial es la conciencia.
-Ver lo que hay y aceptarlo. 
-Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.

Entrevista aparecida en La Vanguardia Digital, de España.

Actitudes que nos llevan al bienestar

La característica del Sabio, de una persona esclarecida y con personalidad desarrollada, es la ausencia de esfuerzo. No es que realmente no haga nada, sino que no es una persona que haga las cosas compulsivamente, y cuando actúa lo hace realizando una respuesta necesaria ante la situación, ni más ni menos. Su única disciplina es fluir por la vida, adaptándose a las condiciones cambiantes; tal como el agua se adapta al recipiente.

Para los taoístas este estado de unidad con la vida se le llama "morar con el Tao" y en la Biblia, se representa por el "Jardín del Edén". Adán y Eva fueron seducidos por la serpiente y expulsados del Paraíso. Desde entonces nos hemos sentido exiliados y tratando de volver a casa.

Esta serpiente que nos seduce y que por ella se nos expulsa del Edén es la mente. Un Sabio no es controlado, manipulado o abatido por la mente, puede utilizarla para sus propias funciones y dejarla a un lado cuando no sea necesaria. A diferencia de la mayoría de nosotros, esta persona no cree todo lo que se dice a sí misma, pone la mente bajo control y ésta le sigue como un perro bien entrenado sigue a su amo. El conseguir lo que en budismo Zen se llama "sin mente" supone tal bendición y dicha, que innumerables personas en todas las épocas, y en la actualidad, trabajaron duro para conseguir ese tesoro.
Los maestros de todas las épocas han dado indicios sobre cómo poner a la mente bajo control. Basados en sus propias experiencias de lo que funcionó para ellos, cada uno puso énfasis en un enfoque diferente. Pero estas técnicas de meditación tienen mucho en común. En primer lugar, ninguna busca abordar a lamente directamente, porque combatirla es hacerla más fuerte.

De hecho, una parte de lamente estaría combatiendo ala otra, de modo que nos fragmentaríamos aún más. Más que resistir a los pensamientos, los permitimos y los observamos ir y venir. Este "simple observar", o "presenciar", es la actividad más pasiva en la que puede comprometerse un ser humano. Es lo contrario que "hacer". Otro punto en común es que obligan a la mente a ir más despacio. Cuando la noria va más despacio es más fácil bajarse de ella. Aparecen claros en la sucesión de pensamientos, como retazos de cielo azul tras las nubes, y a través de estos claros nos introducimos más fácilmente en la paz del estado Alfa, en el bienestar. Y sea cual sea la técnica utilizado el final es el mismo.

Los senderos que se han hallado para llegar a este bienestar son los siguientes, y más adelante describiré alguna técnica de meditación que los incorporan.

Presenciar.

La esencia de cualquier forma de meditación es prestar atención pasiva, relajada. Es un estado abierto de consciencia, una "expansión para incluir" y un "permanecer en contacto" en un nivel de sentimiento con todo lo que se esté presenciando. Pertenece al hemisferio cerebral derecho, lo que la hace más femenino y menos masculino. Permite que el objeto que se presencia sea tal como es... y sentirlo. Es lo contrario de la concentración, es la diferencia entre devanarse los sesos para encontrar el nombre de una flor y simplemente permitirnos disfrutar el olor de su presencia y de su fragancia.
Al mismo tiempo que prestamos atención relajada, sin crítica, a todo lo que presenciamos, también somos conscientes de nosotros mismos como un testigo, como si el punto desde el cual estamos presenciando se hallase a medio camino entre nosotros mismos y la flor. El efecto de presenciar es expandir nuestra consciencia "poniéndonos fuera de nosotros mismos", contrarrestando la tensión y la contracción de la consciencia que acompaña al hecho de estar preocupados con nuestros problemas.

El meditador, sentado o en movimiento, simplemente presencia su propio proceso de pensamiento sin llegar a implicarse en el pensar. Los pensamientos llegarán: las preocupaciones emergerán a la superficie y buscarán arrastrarnos a un estado de inquietud; los recuerdos tratarán de hacernos caer en la añoranza del pasado; los pensamientos sobre nuestros compromisos y programas nos atraerán hacia pensar en el futuro y en todas las cosas que tenemos que hacer. También las emociones y las pasiones nos intentarán arrastrar, pero el meditador se siente firme, como el observador sobre la colina, observando el ir y el venir de un modo indiferente y distante.

Al principio, hasta que cojamos el truco (que es todo lo que es la meditación), perderemos el espacio de testigo repetidas veces cuando un pensamiento logre seducirnos fuera de él, y unos minutos más tarde encontraremos que nos hemos perdido al seguir una línea de pensamiento. De modo que tendremos que regresar para presenciar una y otra vez, sin culparnos, o más bien, incluyendo en nuestro espacio de testigo la parte de nosotros mismos que se impacienta con estos vacíos de consciencia y desinterés.

La meditación llega a ser más fácil con la práctica. Recordemos que meditar es romper un hábito de toda una vida de dejarnos arrastrar hacia donde nos llevan nuestros pensamientos y sentimientos. La meditación es como entrenar a un animal: se necesita tiempo, paciencia y delicadeza antes de que la bestia capte el mensaje de que ahora tiene un amo y no puede hacer lo que quiera.

Las meditaciones que se basan en presenciar son las más difíciles para permanecer en ellas pues las recompensas (tranquilidad, paz, dicha) sólo llegan con una persistencia tenaz que no sea vencida por el aburrimiento, por las molestias, y el deseo de estar en cualquier otra parte que no donde se está, siendo atormentado por la propia mente de uno/a.

Centrarse en una cosa.

Para que la mente trabaje más despacio, la frecuencia de las hondas cerebrales desciendan a Alfa y cambiemos del hemisferio izquierdo al derecho, le damos a la mente algo para que se ocupe de ello, de modo que al menos deje de saltar de un lado para otro. Esto no quiere decir concentrarse, sino más bien centrarse en la consciencia de uno y prestar atención pasiva a una cosa a la vez, más que estar disperso/a, distraído/a por pensamientos de esto, de eso y de lo otro.

Escuchar.

Es una experiencia común que cuanto más alterados estamos, menos escuchamos. El escuchar adecuadamente nos hace entrar en el estado meditacional. Una de las meditaciones más simples consiste en relajarse y escuchar música (mejor instrumental, barroca o New Age) o los sonidos de la naturaleza (por ejemplo agua que fluye, el mar, el canto de un pájaro...).
También el cantar o repetir un mantra puede ayudar a la meditación y tener un efecto purificador.

Contemplar.

No hay ninguna duda de que la devoción y la oración son eficaces para muchas personas y obtienen de ellas dichosos momentos de paz que las alejan de las preocupaciones e inquietudes de la vida cotidiana.
Con total independencia de las creencias religiosas, tanto la fe que acompaña a la oración como el descenso de energía desde la cabeza hacia el corazón que acompaña a la oración nos llevan al bienestar.

Contemplar es simplemente dejar que nuestros ojos descansen fijamente sobre algún objeto escogido y sentirlo, llegar a serlo. Cada persona debe elegir el objeto de su contemplación, puede ser una vela, una flor...
El contemplar debe hacerse de una forma relajada, no tenso, manteniendo la mirada serena, más que concentrada. Normalmente eliminamos un montón de energía a través de nuestros ojos e incesantemente recibimos información sobre nuestro entorno a través de ellos. Al restringir el movimiento de los ojos a un objeto, automáticamente reducimos la información que se da a la mente para que la procese, y por consiguiente, ésta tiene que limitar su parloteo al objeto que está siendo contemplado. Muy pronto agotará lo que tiene que decir y se quedará callada.

Centrarse en el aquí y en el ahora, en el presente.

Podría decirse que centrarse en el aquí, en el ahora, en el presente, es el objetivo de la meditación, pues cuando estamos verdaderamente en el momento presente, experimentando lo que es de manera directa a través de nuestros sentidos, la mente se detiene. Esto sucede porque nuestras mentes son como filtros entre nosotros y la experiencia directa del momento presente, lo que está ocurriendo ahora.

Nosotros estamos donde está nuestra atención, y si está en otro lugar o en otro tiempo, no podemos estar aquí y ahora. Nuestros cuerpos pueden estar(aunque si nosotros no somos conscientes de ellos entonces, existencialmente, no existe, al menos en nuestra consciencia) pero nosotros no estamos.
Permanecer en el momento presente y permitirnos experimentar y responder a lo que está sucediendo ahora en el nivel de los sentimientos (por ejemplo en el hemisferio derecho del cerebro) más que quedarnos en el pasado o el futuro (hemisferio izquierdo del cerebro) es a la vez una disciplina y un objetivo. Impactar en un discípulo que está viajando con la mente sacándolo fuera del pensamiento hacia el ser (y estar verdaderamente presentes) es virtualmente todo lo que hace un Maestro zen.

El centrarse en el presente atañe a las frescura: se refiere al hecho de desautomatizarnos de los viejos hábitos, contemplando lo que está sucediendo a nuestro alrededor y en nosotros mismos con ojos puros y responder a las situaciones de un modo que no sea mecánico y que convine espontaneidad con resultar apropiado.
Cada momento no vivido plenamente no es más que un empobrecimiento de la calidad de nuestras vidas.

Conciencia de respirar.

Nuestra forma de respirar y nuestros estrados mentales se hallan muy estrechamente conectados. Sólo hay que pensar en la respiración regular y profunda del sueño, en el jadeo de alguien que está muy asustado o en la suspensión de la respiración de alguien que se encuentra profundamente impactado.
La respiración es un medio para centrar nuestra consciencia en el presente y en nuestro cuerpo. Los ejercicios de respiración también elevan el nivel de energía en el cuerpo.

Llegar a ser y seguir siendo conscientes de nuestra respiración es una de las técnicas de meditación más sencillas. Una vez más, esta técnica funciona para aquietar la mente. La regularidad y el ritmo de la respiración tiene un efecto calmante y disminuye la velocidad y disminuye la velocidad del proceso del pensamiento. Si tenemos un traspié en la cuenta de cada respiración y caemos en la trampa de seguir una línea particular de pensamiento, lo advertimos de inmediato y podemos abandonar los pensamientos para retomar la cuenta.
Tal vez, lo más importante es llegar a ser conscientes de que respirar nos recuerda que tenemos un cuerpo.

Conciencia del cuerpo.

Una cosa que sucede cuando estamos ocupados en el mundo exterior o preocupados con nuestros pensamientos es que perdemos conciencia de nuestros cuerpos. Toda nuestra energía se dedica a aquello a lo que estamos prestando atención, ya sean cosas o pensamientos. Es como si nuestros cuerpos dejasen de existir temporalmente y mientras sólo fuéramos cabezas parlantes.

Cuando meditamos y desconectamos la mente, la energía tiene que ir a alguna parte y comienza a ir hacia abajo. De nuevo llegamos a ser conscientes de nuestras sensaciones corporales, de nuestro cuerpo. Uno de los objetivos al adoptar la posición de sentado es que detiene el escape de energía. Al no tener ningún lugar al que ir excepto hacia adentro y alrededor del circuito corporal cerrado que hemos formado al sentarnos (con las manos juntas), la energía se intensifica. Nos sentimos recargados, con más fundamento y más centrados. Con más consciencia de nuestro cuerpo no sólo nos sentimos más vivos, sino también más relajados. Pues consciencia corporal es lo mismo que relajación. Relajar el cuerpo ayuda a relajar la mente. Es así pues en realidad el cuerpo y la mente no están separados, somos Mentes-cuerpos.
Es muy importante cultivar la conciencia corporal como un sendero para aquietar la mente, hasta llegar a lo máximo en relajación:una liberación de toda la ansiedad y tensión, viviendo plenamente el momento.

Movimiento.

El movimiento tomado como meditación se encuentra en muchas tradiciones milenarias. Existe un movimiento impensado, inconsciente, dormido y un movimiento consciente, centrado en la consciencia corporal y en el presente, que es la esencia de la meditación.

Desde el Tai-Chi a la danza sufí, pasando por hacer jogging, nadar en la piscina o simplemente estar en el parque o fregar los platos, podemos meditar y hacer descender nuestra energía de la cabeza al cuerpo y disminuir las ondas cerebrales desde las frecuencias Beta hasta Alfa,, volviendo a llegar a nuestros sentidos desde el funcionamiento del hemisferio izquierdo hasta el derecho.

Centrarse.

Practicar la meditación es recordarnos lo que realmente somos. Pues, sino somos nuestras mentes (y si somos capaces de observar nuestros pensamientos quiere decir que estamos separados de ellos), entonces ¿quienes somos?
En forma similar, por la misma razón no podemos ser nuestros cuerpos, o nuestros sentimientos: podemos observarlos, por lo que debe existir distancia entre nosotros y ellos.

Formularnos repetidamente la pregunta: "¿Quién soy?" es una técnica de meditación en sí misma. Así como no somos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos o nuestros cuerpos, de ese modo también logramos darnos cuenta con esta técnica de meditación inexorable que no hay nada más que eso, y que existencialmente podemos decir que somos. En nuestro nivel más profundo no somos nuestros nombres, o cualquier otra de las etiquetas que la sociedad nos ha puesto, como "hombres", "mujeres", "clase media", etc. Ésas son las posiciones que ocupamos en esta vida y, de ninguna manera, en el interior del cuerpo que es nuestro vehículo. No somos ni ricos ni pobres: eso es lo que tenemos o no tenemos. Tampoco somos médicos, maestros, fontaneros, amas de casa o funcionarios: eso es lo que hacemos, no lo que somos. Por último no nos queda nada, o al menos nada sobre lo que podamos poner nuestras manos.

Si nos sentimos aturdidos, es positivo, pues la pregunta "¿quién soy?" es exactamente eso, aturdimiento de la mente: no hay respuesta. Yo sé que "soy", pero quién soy, como la Vida misma, es un misterio.
Al final, cuando hemos abandonado nuestras falsas identificaciones sólo hay esencia, "ser", y en consecuencia no hay separación de Dios, la Vida, o como quieras llamarlo, quien también está libre de todos los nombres, desprovisto de todas las formas.

Tenemos consciencia vacía de nosotros mismos, consciencia pura, una subjetividad inexpresable para la cual todo lo demás es un objeto, no sólo el mundo exterior (incluyendo nuestros cuerpos) sino también el mundo interior del pensamiento y del sentimiento. Y el modo en que nos damos cuenta de esto simplemente es éste: "estar tranquilo y saber que yo soy Dios, que yo soy la Vida". En la tradición hindú el meditador se recuerda a sí mismo: "tú eres eso" y resiste la tentación de quedar atrapado en la identificación falsa repitiendo el mantra "neti, neti" ("no esto, no esto").
Teniendo en cuenta que debemos mantenernos cuerdos en un mundo enloquecido, recordándonos quienes somos realmente cuando nos sentimos estresados, agobiados por nuestros problemas y generalmente tomándonos las cosas demasiado seriamente, es como regresar a un navío estable, y en eso consiste centrarse. También es recordar que: "esto también pasará" y que la Vida es un misterio para ser disfrutado no un problema para resolver.