¿Quien eres tú?

Un espacio para crecer y compartir...

jueves, 19 de febrero de 2009

Vacio del Alma

Hola viajer@s!!

Hoy he recibido de Aina, una compañera de la Gestalt, una preciosa historia que quiero compartir.

Como siempre pasaen estos casos, no se me ocurre que añadir al mensaje tan claro que transmite su autor. Además, lo acompaña un increible reportaje fotográfico que no tiene desperdicio...es realmente bonito!!!

Sólo diria que, aunque me ponga pesado porque es algo que repito a menudo, es el típico mensaje que todos creemos saber porque nos resulta fácil reconocer su esencia, y sin embargo muy pocos practican. Creo firmemente en lo que ya comenté hace poco: nada tiene que ver el saber con el hacer; solo haciendo se crece y se cambia, siendo valiente y decidido, sin miedos absurdos, perdiendo el hábito de ser tu mismo...

Mucha luz!!!

Fran

Vacio Del Alma
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miércoles, 11 de febrero de 2009

La libertad.- Wayne Dyer

Hola otra vez

Para quien no lo conozca, me gustaria compartir un extracto del maravilloso libro de Wayne Dyer "Tu Yo Sagrado", en el que da una preciosa definición de la libertad.
Se trata de un libro, al igual que toda su obra, de muy recomendable lectura. Además, tiene algun que otro documental en DVD, uno de lo cuales tuve la suerte de ver ayer mismo, "10 reglas para el éxito y la Paz interior"... auténtico!!

Como vereis, alcanzar la libertad es un importante reto dificilmente accesible, si no se parte de la premisa básica que tantas veces hemos escuchado mencionar, pero que tan pocas veces hemos adoptado como parte de nuestra forma de transitar por la vida. Como ya dije en alguna ocasión, el cambio empieza por "romper con el hábito de ser tu mismo", y claro está, hay que ser muy valiente o estar muy lleno de basura, para dar ese paso que una vez iniciado, no tiene retorno.

Parece mentira que vivamos una vida tan apegada a todo aquello que nos limita y nos impide vivir en paz con nosotros mismos y con el resto del mundo. Una vez tras otra caemos en las mismas trampas, y nos convencemos de que hacemos lo correcto, y nos defendemos, y atacamos, y reprochamos, y sufrimos...

Sin embargo, una vez empiezas a conectar con tu yo interior, y empiezas a sentir y comprender el significado de la energia espiritual, todo empieza a cambiar... Algo nuevo ocurre en tu interior, y es entonces cuando se abren las puertas que te invitan a explorar nuevas posibilidades. Y entonces empieza tu verdadero camino, o lo recuperas despues de una etapa de desconcierto y confusión... Sea como sea, el camino espiritual requiere de esfuerzo y perseverancia, la intensidad con la que deberas realizar ese esfuerzo dependerá de la cantidad de porqueria de la que debas desprenderte.

Un abrazo

Fran

"Una definición radical de la Libertad" .- Wayne Dyer

Mi proyecto de escribir sobre la libertad recibió un firme impulso cuando mi familia y yo vivimos una “aventura a lomos de un caballo” hace unos años, en Maui, una isla del archipiélago de Hawai. Para mí, la experiencia fue una coincidencia significativa. He aprendido a reconocer y honrar dichas experiencias. Me ayudan enormemente a tener un propósito en la vida.

“Aventura a lomos de un caballo” es el nombre que Frank Levinson, con su amiga Amber, le ha dado a la odisea espiritual que dirigen en una región apartada de Maui. MI familia y yo tuvimos la oportunidad de pasar un día “a lomos de un caballo” en la hermosa casita que Frank tiene allí.
Les dije a Amber y Frank que planeaba escribir un libro sobre cómo ponerse en contacto con la parte espiritual de nosotros mismos, y permitir que quien gobernara fuese el lado humanitario.

Amber dijo: En ese caso, escribirás sobre la libertad. Lee el libro de Florinda Donner.
Entró en el dormitorio y volvió a salir con un ejemplar de Being-in reaming (Vivir en sueños), e insistió en que me lo llevara y me quedara con él. Yo ya lo he terminado –dijo ella-, y he estado esperando a que llegara la persona indicada para leerlo. Quiero que te lo quedes como regalo.
Mientras íbamos en coche hacia el otro extremo de la isla, le dije a mi esposa, Marcelene:
Tengo la impresión de que leer este libro será un acontecimiento que cambiará mi vida. –Y, desde luego, me puso justo ene l sendero que estaba buscando.

He aquí la definición de libertad de Florinda Donner: ¿Cuánto cuesta la libertad?
La libertad te costará la máscara que llevas puesta –dijo ella-, la máscara que te hace sentir tan cómodo y tanto cuesta desechar, no porque se te adapte muy bien sino porque la has llevado durante mucho tiempo. –Ella dejó de pasearse y se detuvo ante la mesa de cartas.

“¿Sabes qué es la libertad? –preguntó retóricamente-. La libertad es la total ausencia de preocupación por ti mismo –continuó al tiempo que se sentaba junto a mí, sobre la cama-. Y la mejor manera de dejar de preocuparte por ti mismo es preocuparte por otros.

¿Puede imaginarse vivir todo un día sin pensar en usted mismo? ¿Sin que nada le ofenda, sin que nada le trastorne, sin que nada le enoje? ¿Es posible ver el mundo como es? ¿Es posible despreocuparse de sí mismo en esa situación?

¿Sería entonces capaz de tender la mano para ayudar a otros, de vivir, trabajar y proveer, sin preocupase de lo que recibirá a cambio? Sólo trate de imaginarse que no piensa en usted mismo ni una sola vez en todo el día, sin preguntarse ni una sola vez por qué no le aprecian lo bastante, por qué no es lo bastante rico, por qué no le tratan con la suficiente justicia. Sólo advierta que los otros hacen lo que hacen, sin compararse con ellos. Entregue algo de sí mismo y no pida ni espere nada a cambio. Simplemente viva. ¡Es libre!.

He aquí los párrafos finales del maravilloso libro de Donner:
Florinda me había dicho que la libertad es una absoluta ausencia de preocupación por uno mismo, una falta de preocupación que se logra cuando la mayor parte de la energía apresada dentro de nosotros es puesta en libertad. Había dicho que esta energía sólo se libera cuando ponemos límites al elevado concepto que tenemos de nosotros mismos, de nuestra importancia, una importancia que sentimos que no debe ser violada ni objeto de burlas... El precio de la libertad es muy alto. La libertad solo puede alcanzarse cuando se sueña sin esperanza, cuando está dispuesto a perderlo todo, incluso los sueños.

Para algunos de nosotros, el soñar sin esperanza, el luchar sin ninguna meta en mente, es la única manera de mantenernos a la altura de la libertad. La libertad, si se la define como ausencia de cadenas, existe para muchos. Pero si libertad significa librarse de aquello que nos constriñe la conciencia diaria, si la libertad significa tener visiones ilimitadas, si la libertad significa crear milagros y vivir en una dimensión espiritual radicalmente nueva, entonces la libertad existe para muy pocos.
Si puede olvidarse de la idea de su propia importancia sin derribar su propia estima, está escogiendo el tipo de libertad que Florinda donner me ayudó a ver. También sabrá lo que quería decir Janis Joplin cuando cantaba: “Libertad no es más que otra palabra para decir que no hay nada que perder”. Cuando no se tiene nada que perder, se es libre por completo, y cuando no
preocupa la propia importancia, se tiene libertad. Se tiene un propósito, se vive en júbilo, y uno espera que el mundo sea un lugar divino donde amar a los otros. En realidad está creando de nuevo su mundo con su recién hallada libertad. Y a uno ya no le obsesiona obtener el crédito de nadie.

domingo, 8 de febrero de 2009

Realmente bonito


Hoy me han enviado una bonita historia que me ha encantado. Según sus palabras: "Sublime"...

Gracias Elena (coaching@elenaporte.com)

Fran


domingo, 1 de febrero de 2009

Una pregunta


Buenas noches!!

A veces, como ha ocurrido hoy, y como ocurre cada vez mas a menudo, me doy cuenta que no se nada; me doy cuenta que no se y que no quiero saber; pero me doy cuenta... Es algo habitual encontrarme leyendo algún libro o texto de algún maestro, y casi siempre me ocurre lo mismo, siempre me aborda la misma pregunta, siempre me asalta la misma idea: ¡que poco tiene que ver el conocimiento con la sabiduría!.

Según he leído, la sabiduría es la experiencia, "el hacer", nada que ver con "el saber" (aunque saber sin experiencia lo llamaría imaginar). Por eso, a menudo siento esa sensación extraña, y me pregunto.. ¿se? ¿no se?.. hasta que me doy cuenta de algo interesante... ¡y a mi que narices me importa!

Perdonar la divagación, pero es lo que me ha venido cuando iba leyendo el libro del maestro Osho "Vida, Amor y Risa", y del que os cuelgo una parte que me ha llamado la atención. Y como no podía ser de otra manera, tiene que ver con el amor.

Me gusta el tratamiento que Osho hace de un concepto tan profundo y sagrado como el amor, y su especial manera de decirnos que ¡¡¡estamos tan equivocados!!!. Es curioso observar como todos nos hacemos nuestra película de que es el amor de verdad, el amor eterno, el auténtico...

A ver si como a mi, la lectura de esta respuesta a una de las tres preguntas que le plantean eneste capítulo del libro, os hace replantear su verdadero significado... o no.

Un abrazo con todo mi amor!!!

Fran


Osho.- "Vida, Amor y Risa" Capítulo 3 "Tres preguntas"

En lo profundo de mí hay un anhelo de amor permanente. ¿Es eso una estupidez?

El amor puede existir en dos dimensiones: horizontal o vertical. Estamos familiarizados con el amor horizontal; ésa es también la dimensión del tiempo. La vertical es la dimensión de la eternidad.

En tu corazón no anhelas lo permanente; ahí te equivocas. Pero esa tergiversación es casi universal porque conocemos sólo un plano: el horizontal, la dimensión del tiempo. En esa dimensión hay sólo dos posibilidades: o algo es momentáneo, o es permanente. Pero lo permanente no es más que uno junto al otro muchos momentos; eso también empieza y termina. La permanencia no es eterna, no puede serlo. Nada puede ser eterno en el tiempo. Lo que nace en el tiempo está destinado a morir en el tiempo. Si hay un principio, hay un fin.

Y tu amor tiene un comienzo; empieza en un cierto momento en el tiempo. Entonces tiene que acabar. Sí, puede terminar más tarde o más temprano. Si termina rápido tú lo llamas momentáneo; si tarda un poco más de tiempo en llegar a su fin lo llamarás permanente. Pero esa permanencia tampoco llenará de satisfacción al corazón, porque el corazón anhela aquello que no acaba nunca, aquello que es para siempre. Es la añoranza de Dios. Dios es otro nombre para el amor eterno.

Jesús dice que Dios es amor. Y éste es uno de los más grandes dichos nunca expresados. El amor se convierte en sinónimo de Dios. Si conoces el amor eterno, habrás conocido a Dios. Eso lo es todo, con eso todo es satisfecho.

Pero la mente no sabe nada acerca de la eternidad. El corazón añora lo eterno, pero la mente continuamente interpreta los anhelos del corazón. Y la mente sólo conoce, o bien un amor vivido durante muy poco tiempo, o el amor vivido durante un poquito más de tiempo. Pero aunque el amor perviva un poco más, el miedo de que se acabe siempre estará ahí. Y tu miedo está justificando: se va a terminar. En realidad, durará más si no eres inteligente. Si eres muy, muy torpe y muy, muy poco inteligente te llevará mucho tiempo el darte cuenta de la futilidad de ese amor. Si eres muy inteligente se acabará rápido porque verás que no es gran cosa.

Cuanto más inteligente es una persona, más corta será la duración de su amor, del amor tal y como lo conoces. Por eso, a medida que la humanidad se vuelve más inteligente, el amor se va convirtiendo en un fenómeno de corta duración. En el pasado era casi permanente; no existía el divorcio. Hoy en día, todavía no existe el divorcio en los países poco civilizados. Cuanto más educado, culto y sofisticado se vuelve un país, más aumenta en la misma proporción el promedio de divorcios, por la sencilla razón de que las parejas se dan cuenta de que se aburren el uno del otro. No tiene sentido seguir alargándolo, es mejor terminar.

Pero la mente puede terminar una cosa e inmediatamente sustituirla por otra ilusión, una y otra vez. La mente no aprende. Incluso la persona inteligente sigue sin aprender. Y la mente se ha hecho tan poderosa que nada de lo que surge del corazón llega nunca a ti, a tu ser, sin que ella la interprete.

El corazón dice “eternidad” y la mente interpreta “permanencia”. Ahí es donde te equivocas. El anhelo del corazón es una dimensión vertical; ésa es la dimensión de la meditación. La mente vive en horizontal; por eso los místicos de todas las épocas se han dado cuenta de que mente y tiempo no son dos cosas diferentes: mente es tiempo. La mente no puede vivir en vertical; la mente vive en el pasado, en el futuro. Para la mente el presente no existe. La mente va moviéndose siempre de pasado a futuro. El presente parece ser solamente un medio para ir del pasado al futuro.

He oído…

Un cazador fue de caza a la selva. Un amigo suyo quería acompañarle; también quería ser cazador pero era un aficionado; casi no sabía.

El cazador le dijo:

-De cuerdo; puedes venir conmigo.

El cazador le llevó a un lugar por el que solían pasar tigres y leones, muy cerca del arroyo al que tenían que acercarse cuando sentían sed. Se escondieron tras unos arbustos. El cazador le dio instrucciones diciéndole:

-Cuando pase, pon atención y dispara inmediatamente.

Pasó un tigre. El cazador se quedó perplejo porque su amigo estaba casi paralizado, sin mover un dedo; no mostraba intención de disparar.

Luego le preguntó:

-¿Qué te ha sucedido?

Su amigo le dijo:

-El tigre iba tan rápido que solamente le vi cuando estaba fuera de mi alcance.

Así es exactamente el presente: lo ves sólo cuando está fuera de tu alcance, cuando ya ha pasado; solamente entonces lo ves. Nunca lo ves cómo presente. La mente no es tan rápida. La mente no es consciente, no está atenta. La mente está siempre soñando, siempre está rodeada de pasado y futuro y el pequeño y atómico momento del presente se desliza muy rápido; ha de desplazarse incluso más rápido que la propia luz porque nunca podemos apresarlo. Para cuando nos damos cuenta, ya ha pasado. Siempre te das cuenta cuando ya no está delante. De todo lo que eres consciente es del pasado que ya no existe y del futuro que todavía no es. Vives entre esos dos puntos no existentes.

La dimensión vertical es algo totalmente distinto: es un salto fuera de la mente. Y de eso es de lo que trata la meditación: sales de la mente, abandonas el pasado y el futuro, abandonas el tiempo. Ya no piensas, ya no sueñas, ya no deseas. No hay memoria, ni imaginación. Todo está en silencio.

Entonces puedes ver el presente y te das cuenta de que solamente existe el presente y nada más. El presente es eterno. En realidad, el presente no forma parte del tiempo en absoluto; el presente es parte de la eternidad. Siempre es ahora, nunca es otra cosa. Y ése es el anhelo del corazón, pero lo estás mal interpretando. Tú anhelas un amor que nazca de la meditación, que no nazca de la mente. Ése es el amor del que habla Jesús; ése amor es Dios. No es tu amor; tu amor no puede ser Dios. Tu amor es solamente un fenómeno mental; es biología, es fisiología, es psicología, pero no es eterno. Lo eterno pertenece al ser esencial.

El amor del que estoy hablando es esencial y tu amor no es esencial. Lo no esencial no puede ser eterno. Puede que trates de convertirlo en algo permanente, pero antes o después morirá. Puedes engañarte a ti mismo diciéndote que aún está aquí, puedes simular como si estuviera aquí. Millones de parejas en todo el mundo viven como si siguiera existiendo. Viven en el mundo del “como si”. ¿Cómo van a sentirse felices? Están vacíos de energía, están tratando de extraer algo de un falso amor. De ahí la frustración, de ahí el continuo aburrimiento, de ahí el incordio continuo, las peleas entre los dos. Están intentando algo que no es posible, están tratando de convertir su amor en eterno y eso no puede ser. Ha nacido de la mente y la mente no puede proporcionarte ninguna luz sobre lo eterno.

Mi sugerencia es que, si estás realmente dispuesto a satisfacer el anhelo del corazón, te olvides del amor. Primero adéntrate en la meditación porque el amor nacerá de la meditación. Es la fragancia de la meditación. La meditación es la flor, el loto de los mil pétalos. Permítele que se abra. Ayúdale a entrar en la dimensión vertical, en la no mente, en la ausencia de tiempo y entonces descubrirás que la fragancia está ahí. Entonces será eterna, incondicional. Entonces no se dirige a nadie en particular, no puede ser dirigida a nadie en particular. No es una relación; es más una cualidad que te rodea. No tiene nada que ver con el otro. Tú amas, tú eres amor; entonces es eterno. Es tu fragancia. Ha estado alrededor de un Buda, en torno a un Zarathustra, en torno a un Jesús. Es una clase distinta diferente de amor; es cualitativamente distinta.

Tú estás pidiendo solamente una cantidad un poco mayor, no un día, sino dos días. Tres días, cuatro días; no una sola vida, sino unas cuantas vidas. Pero, de todas formas, terminará. Y cuanto más lo estires, más magro se volverá, más aburrido se volverá, porque quiere morir y tú lo estás prolongando. Y a veces muere, pero tú eres incapaz de deshacerte de él; continúas cargando con el cadáver. ¡Y huele! Una vez fue algo hermoso; ahora está sencillamente muerto y apesta.

En las escrituras indias hay una hermosa historia sobre Shiva. Su esposa Parvati murió y él cargó con el cadáver de su esposa durante doce años por todo el país esperando encontrar a algún doctor que pudiera ayudarle. Lentamente, las extremidades del cadáver empezaron a desmembrarse, pero él continuó su viaje en busca de un médico, de un alquimista, de un mago, de un hacedor de milagros. Llorando, gimiendo, recorrió todo el país.

En India hay doce lugares sagrados. Se dice que esos lugares fueron las partes que se desmembraron del cuerpo de Parvati. Donde caía una de ellas, se convertía en un lugar sagrado.

Puedes cargar con un cadáver, pero no podrás encontrar al médico.

Esto es mucho más cierto que la historia de Jesús reviviendo a un muerto, aunque parece imposible que un hombre como Shiva cargara con el cadáver de una mujer. Pero me he dado cuenta de que he visto millones de personas cargando con amores muertos. Amores que habían fenecido hacía ya mucho. Y continúan cargando con ellos por miedo, por apego. Se aferran a lo conocido, a lo familiar, aunque sólo supone miseria y nada más; pero se aferran.

Cuando el amor muere, muere. A su debido tiempo uno ha de aceptar su muerte y ha de saber decir adiós, sin quejarse sin rebelarse, porque cuando algo acaba, ¿qué puedes hacer? Ésa es la naturaleza de las cosas: empiezan a su tiempo, acaban. Buda dice: “Todo aquello que tiene un comienzo, a su tiempo, morirá”. Acéptalo pues; ésa es la naturaleza de las cosas.

Pero si tu corazón realmente anhela algo eterno, entonces yo puedo enseñarte el camino. Abandona entonces la idea del amor. Antes de poder dar, has de tener. Estás tratando de dar algo que no tienes, estás tratando de obtener algo de alguien que no tiene nada. ¿Cómo va a ser entonces eterno? Antes o después surgirá la desilusión. ¿Durante cuánto cargarás con ella? ¿Cuánto tiempo podrás seguir engañado?

Por eso te digo que cuánto más inteligente seas, antes se escapará de tus manos. Solamente los estúpidos pueden llevar una vida de matrimonio creyendo que será algo permanente. La gente inteligente no puede vivir esa mal llamada vida de matrimonio, o si la viven, entonces tendrán que cambiar de compañeros muchas veces. Pero en cada ocasión, sucederá lo mismo.

La mente continúa encontrando causas diversas, pero nunca da con la verdadera causa. No puede, porque enfrentarse a la verdadera causa implica el suicidio de la mente. Descubrirás mil y una faltas en la mujer, en el hombre con el que vives. Ésa es la razón del fracaso del amor –las faltas de esa mujer- y no que el amor haya de fracasar en un momento dado. Has elegido a la mujer equivocada, no encajas con ella, no estáis hechos el uno para el otro, y así sucesivamente. Pero un día pensaste que sí estabais hechos el uno para el otro. ¡Y lo habéis olvidado por completo! Recuerda esos días, los primero días de enamorados en que solías pensar: “¡Durará para siempre!”. Incluso os prometisteis el uno al otro: “¡Esto durará para siempre!”.

Hace tan sólo unos días, un hombre y una mujer vinieron a mí y me dijeron que deseaban vivir juntos. Les sugerí que vivieran separados y que siguieran viéndose. Pero los amantes son amantes, los tontos son tontos. Por eso decimos “haces el tonto”. Querían vivir juntos. Incluso la mujer escribió: “Nunca nos separaremos, lo prometo. Estamos absolutamente seguros de que queremos vivir juntos, juntos las veinticuatro horas del día”. Así que le dije: “De acuerdo; es vuestra decisión”.

Y ayer no habían pasado dos meses, recibí una carta de la mujer diciendo: “Queremos separarnos”. ¡Tan sólo dos meses! Ella ha olvidado que un día escribió: “Nunca nos separaremos; siempre viviremos juntos”.

Le sucede a todo el mundo. Es una ficción, un espejismo. ¿Y quieres convertir el espejismo en algo permanente? ¿Cómo vas a conseguir que un espejismo sea algo permanente? ¿Cómo vas convertir un sueño en algo permanente? La mañana llegará y tendrás que despertarte. Y una vez hayas despertado, puede que cierres otra vez tus ojos tratando de encontrar de nuevo el sueño, tratando de ver adónde ha ido. Querrás continuarlo, pero no podrás hacerlo. Se habrá perdido para siempre. Una vez despiertas, se ha perdido para siempre; no puedes coger el hilo de nuevo. No puedes remediarlo, recuérdalo.

No puedes arreglar un amor roto. Un espejo roto, puede que si. Puedes encontrar algún sistema: puedes fundirlo y rehacerlo de nuevo. Pero con un amor roto… no hay ningún sistema, ninguna posibilidad. Por esto surge el miedo. El miedo revela que en tu interior eres consciente de que se está escapando de tus manos y por eso quieres que sea permanente. Y entonces la manera es acudir ante el juez y casarte. Ése es el sistema para convertirlo en permanente: transformarlo en un asunto legal de manera que el juez, la policía, los magistrados, la ley, el Estado te ayuden de todas las maneras posibles. Aunque quieras separarte, ellos no permitirán que te separes.

Es una suerte que esa mujer me diera el papel que escribió a mí y no al juez. No tiene que preocuparse. El mismo día en que me lo dio, lo tiré porque sabía que no valía la pena guardarlo. Antes o después acabaría. Y no quiero que se sienta incómoda. Lo he tirado. Puede separarse… pero hará lo mismo de nuevo. Ése es el problema. Y, créeme, dentro de dos meses es posible que lo escriba de nuevo.

Ahora desea estar totalmente sola, no quiere vivir con nadie. ¡Se acabó! Ha despertado. Pero le sucederá una y otra vez. Le sucederá al menos unas cuantas veces más porque puedo oírla roncar y por eso sé que se pondrá a soñar de nuevo.

Ningún sueño puede ser permanente. Y tu amor es un sueño. La mente sólo puede soñar; no puede darte la realidad.

Sal de la mente. Olvida todo sobre el amor. No tienes ninguna comprensión del amor; no puedes tenerla. Sólo a través de la meditación cambiarás la dimensión de tu ser. De la horizontal pasarás a la vertical. De vivir en el pasado y en el futuro. Ahora bien, ¿por qué anhelar esa permanencia? “Permanencia” quiere decir que estás tratando manejar el futuro. Quieres que todo siga siendo como es, aun en el futuro. Pero ¿por qué? En realidad, el momento presente ya debe de haber volado lejos; sólo entonces empiezas a pensar en su permanencia.

Cuando dos amantes están realmente ilusionados no piensan en la durabilidad de su amor. Pregunta a cualquier pareja de amantes en sus días de luna de miel: no les importa. Saben que van a estar juntos para siempre.

Pero en el momento en que empieza a escaparse de tus manos, la mente te dice: “Ahora aférralo. Hazlo permanente. Haz todo lo que puedas para convertirlo en permanente. No te fijes en las fisuras que se están produciendo. No las mires, déjalas, olvídalas por completo, sigue tapándolas, sea como sea, arréglatelas de algún modo”.

Pero estás pidiendo lo imposible.

Yo te puedo enseñar meditación y desde ella surgirá una cualidad diferente de amor. Entonces no será tontear. Entonces será sabiduría, no tontería. Entonces no “caes enamorado” (*), sino que te elevas en el amor. Entonces el amor es una cualidad tuya.

Así como la luz rodea a la llama, el amor te rodea. Tú eres amoroso, eres amor.

Entonces es eterno. No está dirigido a nadie. Cualquiera que se acerque beberá de él. Cualquiera que se acerque a i resultará fascinado por él, enriquecido por él. Un árbol, una roca, una persona, un animal, no importa. Incluso si estás sentado, sólo… Buda, solo, sentado bajo un árbol está irradiando amor. El amor está constantemente lloviendo a su alrededor. Es eterno. Y ése es el verdadero anhelo del corazón. No lo tergiverses… pero la mente sólo puede tergiversar. La comprensión solamente es posible mediante la meditación.

(*) En inglés, “enamorarse” es fall in love; lit., “caer en amor”. (n. del T.).