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lunes, 29 de septiembre de 2008

Un poco de práctica para respirar...

Hola buscadores y buscadoras ;-)

Vuelvo a la carga con contenidos que pueden ser usados como procesos prácticos, y que ayudan enormemente a conectar con el aquí y ahora, trayendo a nuestras vidas esa calma tan necesaria y gratificante.

La autora de este extracto es Brigitte Hansmann. Brigitte Hansmann es educadora e instructora de movimiento en DFA (Duggan / French Approach), dirigido al reconocimiento de patrones somáticos. Trabaja con la técnica DFA desde el año 1988. En el año 1998 publica su primer libro “Con los pies en el suelo - forma del cuerpo y visión del mundo” (ed. Icaria).

Escribe artículos para distintas revistas españolas y es colaboradora de la revista Cuerpo-Mente. En 1999 crea la escuela “ermie” (www.ermie.net), de respiración, movimiento e integración emocional, para hacer accesibles al público general las aplicaciones prácticas de sus conocimientos.

Según expone, nosotros mismos podemos hacer mucho. Los resultados que se obtienen con dedicar un poco de tiempo a respirar y recibir el apoyo de la fuerza gravitatoria con conciencia son innegables. Haz la prueba y sigue las pautas descritas a continuación:

Date un respiro

Siéntate o túmbate según lo que te sea más cómodo en este momento y respira por la nariz. Observa los movimientos de la respiración. Concédete tiempo para permitir, sobre todo, el movimiento de descanso hacia el espacio delante de la columna y hacia el suelo, natural en la espiración. Al final de este movimiento incluso hay un momento en el que la espiración ya ha llegado a su fin y, realmente, todavía no hay necesidad de inspirar de nuevo. Permítete este momento de descanso total. Es una pausa en medio del ajetreo de la vida de cada día, a nuestro alcance miles de veces al día.

Cuando el cuerpo necesita aire, simplemente te abres y lo dejas entrar. El volumen del aire que entra en tu cuerpo produce un movimiento de expansión que se transmitiría a través de todo el cuerpo si no fuera por la tensión habitual que mantenemos sin darnos cuenta. Permite ese movimiento de expansión hasta que sientas la tensión que lo limita.

No hagas esfuerzos para ir más allá de esa limitación. Simplemente nota las sensaciones que aparecen en tu cuerpo cuando das permiso a que los movimientos de la respiración ocurran con este grado de de amplitud un poco mayor de lo normal. Posiblemente, al cabo de unas pocas respiraciones aparece una sensación que parece ser de ahogo, aunque objetivamente estés respirando con más profundidad que de lo habitual. Esto se debe al hecho de que ahora participa en el movimiento de la respiración una parte de tu cuerpo que habitualmente queda quieta, o sea ahogada. Como estás habituado a ello, no te das cuenta, pero al darle un respiro, la información de que esa parte de ti se está ahogando llega al cerebro y avisa de que necesita respirar. En este momento es importante que sigas a lo que ahora sabes y no a lo que sientes, porque la sensación del ahogo te impulsaría a inspirar rápida y superficialmente, aunque no hayas descansado hacia tu interior, ni hacia el suelo. El resultado sería que, de nuevo, respirarías tan poco que a esa parte no le llegaría nada, ni movimiento ni aire, pero ya no la notarías.

Si te concedes tiempo para reposar hacia el interior y hacia el suelo, a pesar de la sensación inmediata de falta de aire, la próxima inspiración llegará a donde sientes el ahogo. Si logras permanecer con tu atención enfocada en la respiración, al cabo de unas cuantas respiraciones más, la sensación de ahogo se desvanecerá y dejará paso a otras sensaciones que pueden ser liberadoras y/o informarnos de aspectos de nuestra vivencia que habíamos mantenido apartados de nuestra experiencia consciente.

Si empiezas a sentir opresión, angustia, dolor, tristeza, enfado, una risa o un llanto que no te habías permitido en su momento, no te asustes de esas sensaciones. Sólo son sensaciones. En su mayoría se refieren a situaciones que pasaron hace mucho tiempo. Aunque parezcan actuales, las situaciones presentes suelen ser re-escenificaciones de una situación irresuelta del pasado. Por esto, saluda la sensación que aparece amablemente y quédate con ella un tiempo para descubrir más información acerca de ella.

Describe a alguien o a ti mismo/a lo que notas y permite el flujo de las sensaciones y emociones. Entabla un diálogo con ellas.

La respiración te ayuda a mantener el contacto y a encontrar descanso en uno de los procesos tan antiguos como la vida misma: expansión y reposo hacia dentro, como un organismo unicelular. Con la inspiración puedes penetrar en la parte de ti donde aparece la sensación o emoción y darle a entender que te importa lo que siente, la puedes acariciar y dejarle sentir tu presencia; con la espiración puedes dejar salir el sobrante de carga emocional y ofrecerle el apoyo de la fuerza mayor del campo gravitatorio de la Tierra.

Algunas emociones retenidas en el cuerpo sólo con esto ya reciben la atención suficiente para seguir su transcurso y desaparecer, otras te dan una información que necesitas para poder tomar pasos concretos en tu vida que lleven a la resolución de conflictos antiguos o actuales. A todas las emociones del pasado y del presente, la respiración les abre espacio para que puedan fluir mejor y ofrecernos sus dones.

Recibe apoyo

Lo notemos o no, en todo momento estamos expuestos a la fuerza gravitatoria de nuestro planeta y podemos aprender a dejarnos sostener por ella. La tensión habitual de nuestros músculos suele mantenernos en conflicto con la gravedad, pero en el momento en el que nos permitimos descansar hacia dentro de nuestro cuerpo y hacia el suelo en la espiración, empezamos a recibir el apoyo de la Tierra. Imagínate como sería la sensación de poder contar con el apoyo de todo el planeta para cualquier cosa que hagas en tu vida. Compárala con la sensación de tener que vencer continuamente una fuerza mayor para hacer las cosas.

En nuestra cultura la educación viene centrándose principalmente en el pensamiento racional y la acción. Nos conviene entrenar habilidades que requieren de receptividad. Sentir es receptivo. No podemos decidir qué vamos a sentir, sino que sentimos las sensaciones y emociones que aparecen. A partir de allí podemos decidir cómo actuar al respecto. Pero estamos acostumbrados a juzgar lo que sentimos y censurarlo en función de nuestros juicios.

Para entrenar nuestra receptividad, para empezar, debemos tener la intención de recibir algo con conciencia, por ejemplo en la respiración: en la inspiración recibimos el aire en el interior, en la espiración recibimos el apoyo de la gravedad. Entregamos el peso de nuestro cuerpo al suelo, la silla, la cama o la superficie sólida que sea con la que estamos en contacto y dejamos que lo sostenga.

Cuando hemos experimentado la sensación de recibir apoyo al entregar el peso del cuerpo a la superficie sólida que está por debajo, podemos intentar enseñar la posibilidad de apoyo a la parte del cuerpo en la que se encuentra una emoción difícil que tengamos. El intento de poner el cuerpo, una parte de él o una emoción contenida en esa parte, en una relación con el entorno que permita recibir el apoyo del campo, contribuye mucho a mantener las proporciones: yo tengo una emoción y ocupa este espacio en mi cuerpo y tiene tal relación con el espacio mayor que me rodea.

De este modo, la emoción difícilmente llega a inundarme. Además, la experiencia muestra que al recibir el apoyo del campo gravitatorio de la Tierra, se recibe algo mucho mayor de lo que somos capaces de comprender. De repente, recibimos la mirada de un niño en la calle que nos comunica algo que habíamos olvidado, nos llega la fragancia de un árbol florido o una melodía que suena más allá de una pared nos toca en el corazón. Puede que el asunto que desencadenó la emoción difícil de repente carezca de importancia o se nos ocurra una solución práctica.

Agradecer lo recibido abre vías por donde, luego, se recibe mucho más. El otro día hice una prueba: evoqué buenos sentimientos y los envié alrededor del mundo, sentí alegría por algo que me había salido bien y dediqué un momento a sentir amor por mi marido y otras personas queridas. Fueron sensaciones muy agradables. Luego di las gracias. La sensación de la gratitud fue inconmensurablemente más grande y más agradable aún. Pruébalo. Seguro que tú también tienes mucho que agradecer.

1 comentario:

Anónimo dijo...

estoy totalmente de acuerdo contigo he vivido durante toda mi adolescencia cegado , por lo racional y me he olvidado de sentir , y en definitiva de vivir , de respirar , he vivido ahogado ...suerte que me he dado cuenta de ello a los 19...

un saludo y un gran abrazo , tu blog esta muy guapo...