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miércoles, 17 de septiembre de 2008

El descubrimiento de una visión más amplia.- Andrew Cohen

Buenos dias!!

Hoy recupero a Andrew Cohen, del que ya colgué el artículo “Deja de luchar”, y que da algunas respuestas a cuestiones que ayer mismo comentaba con un buen amigo y que por tanto, le dedico para que le aporte algo más de luz en su búsqueda.

El descubrimiento de la enorme sensación de plenitud que acompaña el “despertar”, junto con la necesidad de compartir la experiencia y transmitir su enseñanza, centran el contenido de esta mini-autobiografia.

La libertad que se siente con la experiencia y el “contagio” con el resto de las personas supone una de las revelaciones más impactantes que el ser humano puede experiementar en su tránsito por el camino del autoconocimiento.

Y como siempre, el mensaje de hoy es una receta en la que el ingrediente principal no es otro que el AMOR!!!.

Saludos German!!!



"El descubrimiento de una visión más amplia"

Extracto de "Una relación incondicional con la Vida" Moksha Press, © 1995

Andrew Cohen

Como ocurre con la mayoría de las personas, mi propia búsqueda de la liberación estuvo centrada en mí mismo. Lo que implicaba el despertar -desde una perspectiva más amplia- no era para mí algo muy consciente.

Deseaba liberarme enteramente del temor y la inseguridad y, más que eso, deseaba convencerme -más allá de toda duda, como alguna vez lo había experimentado- que mi existencia no estaba en absoluto separada del resto de la vida.

Cuando esto ocurrió -milagrosamente, a las pocas semanas de estar con mi maestro- quedé totalmente impactado. Este impacto fue acrecentándose a grandes saltos en las semanas siguientes cuando, para mi asombro, este mismo suceso -el milagro del Auto-descubrimiento- comenzó a ocurrirle a los que me rodeaban.

Pero pronto la conmoción se transformó en fascinación cuando comencé a observar algo aún más milagroso que el instante del Auto- descubrimiento: la disolución de los límites entre aquellos que habían descubierto su propia esencia. El éxtasis de la intimidad perfecta y la confianza total revelaba una libertad del ser que, poco a poco, se volvió aún más importante que la liberación de cualquier individuo.

En los primeros años en que me dediqué a enseñar, mi énfasis aún se hallaba en la liberación del individuo, pero no pude evitar seguir dándome cuenta de que estaba ocurriendo algo mucho más trascendente. Los que se reunieron a mi alrededor parecían compartir una visión que, eventualmente, resultó ser bastante más importante que la experiencia de cualquier individuo.

Esa visión fue, que no existe un "otro". El éxtasis de la comunión se me hizo primero evidente poco después de comenzar a enseñar. En ese tiempo, llevaba viviendo dos meses con otras siete personas en Rishikesh, en el norte de la India. El misterio de lo atemporal que compartíamos se asemejaba a un campo energético que parecía rodearnos mientras vivíamos nuestros días y noches inmersos en el éxtasis del Auto-descubrimiento.

Estar juntos equivalía a estar solos, y en esa soledad no había otro lugar a dónde ir. Parecía ser que la ilusión de la individualidad se hacía aún más evidente al estar juntos. Los límites entre "adentro" y "afuera" se habían literalmente disuelto: con frecuencia era difícil determinar dónde terminaba uno y comenzaba el otro.

Poco después fui invitado a Inglaterra, y en pocas semanas la gente comenzó a reunirse para oír la enseñanza. Aún cuando seguía enfatizando la liberación del individuo -siguiendo la línea de lo que se me había enseñado-, las personas que se reunían a mi alrededor parecían experimentar la liberación no sólo cuando estaban conmigo, sino que simplemente estando juntas.

Pocos meses después me trasladé a Holanda. Fue entonces que, más allá de toda duda, me di cuenta que la importancia de lo que era comunicado por aquellas personas que se me habían acercado superaba con mucho la motivación que yo o ninguno de ellos tenía originalmente. La liberación del individuo fue mi motivación que me llevó originalmente a enseñar. La motivación que tenían muchos de aquellos que se me acercaron en un principio fue encontrar la liberación para sí mismos. Ahora todos nos encontramos en medio de algo enteramente diferente.

Estábamos nadando en un océano del Ser en el cual resultó claro que lo que se estaba revelando de modo espontáneo a través de la consciencia colectiva era el potencial evolutivo de la raza completa.

Aceptando las Implicancias

Después de dos años en Europa me trasladé a Massachussetts. Muchos eligieron seguirme hasta allá, y pronto me hallé en una interesante situación. Me di cuenta de que ahora debía asimilar el hecho de que lo que estaba ocurriendo a mi alrededor era sustancialmente diferente de lo que se me había enseñado, y también de lo que en un principio creí estar yo mismo enseñando.

La iluminación que trascendía la liberación del individuo estaba manifestándose claramente frente a mis ojos, y tanto yo como los que me rodeaban debíamos comenzar a incluír esa realidad. ¿Cuáles eran las implicancias de lo que se estaba desenvolviendo -y que se alejaba de cualquier cosa que hubiera percibido al principio-? Las implicancias parecían ser muchas y de largo alcance; y, más que nada, de enorme importancia para todas y cada una de las personas implicadas.

En nuestras reuniones, resultaba que la experiencia del individuo resultaba menos importante que el contexto colectivo en el cual esa experiencia ocurría. Ese 2 contexto era el de una unidad perfecta e inalterada en la realización de un Yo (Self). Parecía ser que, precisamente debido a ese contexto, el impulso a evolucionar podía expresarse de un modo único y extraordinario.

La consciencia colectiva en sí parecía requerir que todos los implicados se elevasen a un nivel superior de ser. Lo que resultaba extraordinario presenciar era el nacimiento de una consciencia espiritual en el grupo como un todo, al que le era posible ver y sentir con mayor profundidad que muchos de los individuos por sí solos.

Fue así que, al estar reunidos de este modo, la intrusión del ego se volvió tremendamente obvia -no sólo para algunas personas, sino que también para la consciencia colectiva del grupo en su conjunto-. Cualquier necesidad de permanecer separado que surgiera del temor respecto de esa unidad se hizo muy notoria, aún cuando de un modo potencialmente liberador.

A aquellos individuos que deseaban sinceramente liberarse les resultó más fácil percibir con entera claridad qué es lo que exactamente había oscurecido esa libertad desde siempre. Y, aún más importante, el surgimiento de ese contexto reveló al grupo como un todo el camino hacia la trascendencia perfecta, en forma literal y sin ambigüedades.

La verdadera liberación dejó de ser una posibilidad lejana, transformándose en una potencialidad vital para cualquiera que tuviese el valor de dejarse ir. Y un hecho aún más significativo resultó ser que tantas personas reconociesen simultáneamente la unidad, pues esto reveló un potencial de evolución conmovedor. Esto parecía requerir de cada uno y todos los que estábamos conscientes de esto que dejásemos atrás cualquier obstáculo hacia esa unidad, de modo que esa realidad pudiese manifestarse en este mundo, no sólo como una certeza interna, sino como un hecho objetivo para muchos. La sensación que tenía era que el paraíso podía manifestarse en la tierra, si sólo unos pocos lo deseaban.

La unión de amor y comunión mística que nos había reunido estaba resaltando el hecho de que era esencial que los individuos involucrados se conformasen a la exigencia de un principio superior. Con demasiada frecuencia, la experiencia de la unión mística queda sólo como la revelación del extraordinario potencial evolutivo inherente a la naturaleza humana.

Cuando desaparece temporalmente la sombra proyectada por el ego, la luz nítida de la Verdad viviente revela, no sólo la gloriosa e inherente perfección de la vida, sino que -aún más importante- la forma como esa perfección puede manifestarse en un mundo aparentemente imperfecto.

Cuando el camino es revelado, todo se vuelve posible. Pero esa posibilidad rara vez se vuelve una realidad; y cuando eso ocurre, generalmente se limita a un individuo aislado. A menos que la visión espiritual pueda manifestarse más allá del individuo, el profundo potencial evolutivo que es inherente a esa visión no podrá desplegarse enteramente.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

evolucion en curso!!!

Anónimo dijo...

Señor le agradezco mucho estas aportacioanes tan interesantes que esta realizando.
Sin duda alguna el proceso colectivo guarda una importancia crucial para el cambio, y supone una via inequívoca para la no realimentación del ego derivada de una búsqueda individualizada de la liberación.
Una clave más para ser.


Gracias otra vez querido amigo..

eoah dijo...

Hola Fran! aqui te desvelo mi blog. Como ves hay poca cosa pero es posible que en breve me anime.
Por cierto, acabo de terminar el libro de Siddhartha (de Hermann Hesse) es un librito pequeño pero muy agradable de leer que cuenta la historia de un buscador...
Un abrazo!!
Germán.