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miércoles, 13 de agosto de 2008

¿Que es la iluminación?

Menuda preguntita, no? Lo cierto es que cuando encuentras una definición que apunta en la dirección correcta, no sabes porque pero sientes que es así, sientes que en verdad ya lo sabias, que esta ahí...

En otra de mis navegaciones por la red he encontrado este texto que no se de quien es pero que expresa de una forma clara y directa la respuesta a esa gran pregunta.

La síntesis de todo al fin y al cabo es una: no busques, no hay nada que encontrar,... ya lo tienes.... está en ti....

Iluminación es descubrir que no hay nada que descubrir. 

La iluminación es saber que no hay ningún sitio al que ir. 
La iluminación es comprender que esto es todo, que esto es perfecto, que esto es ello. 
La iluminación no es un logro, es comprender que no hay nada que alcanzar, ningún sitio al que ir. 
Ya estás ahí, nunca te has alejado. No puedes alejarte de ello. Dios nunca ha estado perdido. 
Tal vez te hayas olvidado, eso es todo. 
Tal vez te hayas quedado dormido, pero eso es todo. 
Tal vez te hayas perdido en muchos sueños, pero eso es todo, porque tú estás ahí. 
Dios es tu propio ser.


 Así que lo primero es que no hay que pensar en la iluminación como en un objetivo, porque no lo es. No es un objetivo, no es algo que se pueda desear. Y si la deseas no la lograrás. Al desear mil y una cosas vas comprendiendo, poco a poco, que todo deseo es fútil. 
Todo deseo te hace aterrizar en la frustración, todo deseo te arroja una y otra vez en una fosa.

Así ha venido sucediendo desde hace millones de años, pero a pesar de ello empiezas a albergar esperanzas, vuelves a creer que este nuevo deseo que surge, que brota en ti, tal vez te conduzca al paraíso. Que te proporcionara todo aquello que anhelas, que te colmará. La esperanza surge una y otra vez.


La iluminación sucede cuando desaparece toda esperanza. La iluminación es la desaparición de la esperanza.


No te perturbes cuando digo que la iluminación es un estado de desesperanza, porque no es algo negativo. La esperanza deja de surgir, no se crean más deseos. 
El futuro desaparece. Cuando no hay deseo, no existe necesidad de futuro. La tela del futuro es necesaria para el deseo. Pintas tus deseos en la tela del futuro, cuando en realidad no hay nada que pintar. 
¿Para qué debes ir cargando con la tela? Abandónala. ¿Para qué cargar con pinceles y pinturas cuando no hay nada que pintar? Todo eso proviene del pasado. La tela proviene del futuro, y el color, los pinceles, la técnica y todo lo demás, proviene del pasado. 
Cuando no hay que pintar nada, uno se deshace de la tela, del pincel y de los colores. Y de repente está aquí y ahora.


Eso es lo que el Buda denomina chittakshana, un momento de entendimiento, de consciencia. Este momento de consciencia puede suceder en cualquier instante. No requiere de un momento en especial, ni de una postura específica, ni de un lugar particular… Puede suceder en todo tipo de situaciones. Ha sucedido en todo tipo de situaciones. 
Todo lo necesario es que durante un instante no haya pensamiento, ni deseo, ni esperanza. En ese instante, el rayo…

Recuérdalo, existen dos tipos de objetivos egoicos: los mundanos y los ultramundanos. Algunas personas andan a la búsqueda de dinero, otras quieren poder, prestigio, ganar. 

Otras andan buscando a Dios, mokṣa, nirvana, iluminación. Pero la búsqueda continúa. ¿Y quién busca? El mismo ego. En el momento en que abandonas la búsqueda también desechas el ego. En el momento en que no hay búsqueda deja de existir el buscador.


La iluminación es un proceso de desaprendizaje. Es una ignorancia esencial. Pero dicha ignorancia es muy luminosa y tu conocimiento es muy opaco. Esa ignorancia está muy viva y radiante, y tu conocimiento es muy oscuro y está muerto. Dijo: “De repente olvidé todo lo que había aprendido”. En ese momento no sabía nada. En ese momento no había conocedor, en ese momento no había observador… sólo el sonido. 
Y uno se despierta de un largo sueño.
La naturaleza no puede corregirse, debe aceptarse. 
No existe otro modo. 
Seas quien seas, seas como seas, así es como eres… eso es lo que eres. Es una gran aceptación. El Buda la llama tathata, una gran aceptación. No hay nada ahí que deba cambiarse. ¿Cómo podrías cambiarlo, y quién es el que lo cambiará? ¿Se trata de tu naturaleza y pretendes intentar cambiarla? Será como un perro persiguiéndose la cola. El perro enloquecerá. Pero los perros no son tan tontos como el ser humano. 
El ser humano no deja de perseguir su propia cola, y cuanto más difícil le resulta, más salta, y cuanto más lo intenta, más y más estrafalario se vuelve. 
No hay que cambiar nada, porque todo es una hermosura… eso es la iluminación. Todo es como debe ser, todo es perfecto. Éste es el más perfecto de los mundos, y no carece de nada. Experimentarlo así es la iluminación.

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