¿Quien eres tú?

Un espacio para crecer y compartir...

viernes, 22 de agosto de 2008

La fusión del ego en el Yo soy

Hola compañer@s de viaje!!

Hoy quiero compartir con vosotros un texto que encontré en una web argentina (www.circulometafisico.org.ar) de la que hay un link en “mis enlaces”, y en el que se expone muy claramente el “como proceder” y el “porque” para adquirir el hábito de integrar en la vida una actitud positiva, de amor y aceptación.

De hecho, comparto plenamente la afirmación de que estos dos aspectos son los puntos de partida para gozar de un tránsito por la vida pleno y lleno de luz.

Aunque no espero nada en especial, deseo que su lectura os anime a seguir buscando experiencias que os permitan crecer y avanzar en el camino de la expansión de la conciencia…. Como siempre digo, una vez empiezas ya no hay vuelta atrás; es un camino sin retorno que poco a poco va iluminando tu trayecto de vida, y que contagias a tu alrededor con tu energia y tu vibración.

Recuerda que no hay mayor regalo en el mundo que tu propia existencia, y que tu estas aquí para amar y ser amado...

Una vez más, gracias!!

“La fusión del ego en el Yo soy”

Para disfrutar del estado de paz y equilibrio interior que el hombre que transita el sendero espiritual ha ido adquiriendo y por el que para mantenerlo y a ser posible aumentarlo, es Menester seguir esforzándose continuamente.

Es imprescindible la búsqueda porque no existen muchas opciones
En muchas oportunidades o se sigue indagando o se sumerge en la apatía, en la desesperación o, lo que es peor, en el desequilibrio mental.

Varias veces se estará al borde de la demencia y otras muchas, inmerso en la confusión y la desesperanza. Y en los momentos más difíciles siempre llegara a nuestros oídos la palabra apropiada.

Gracias al “verbo invisible” que nos hace encontrar, a las personas que dicen las palabras que necesitamos escuchar y a nuestro empeño por liberarnos del sufrimiento, pudimos continuar y llegar al estado que nos ha permitido elaborar las técnicas que ahora presentamos y que es una mezcla de todo el bagaje del conocimiento trascendente que durante los últimos años hemos adquirido en el Círculo Metafísico Argentino.

Durante mucho tiempo, como raza hemos tenido dificultades, y aun las tenemos con el apego.
Nos resultaba tremendamente trabajoso desprendernos mental y físicamente tanto de las cosas materiales como de las personas o las situaciones en las que nos encontrábamos cómodos. Y aun comprendiendo que el desapego era imprescindible para nuestra evolución, un miedo irracional nos mantenía “enganchados” a la seguridad que nos producía el creernos protegida por causas ajenas a nuestra propia entidad como personas.

Habíamos aprendido muy bien la teoría de que nuestra seguridad solamente depende de nuestro reforzamiento interno y de nuestra conexión con lo divino; pero ni el esfuerzo que hacíamos para integrarlos en nuestros dichos conceptos, ni las técnicas que conocíamos, nos eran suficientes para acelerar nuestro proceso de desapego.
Además, a medida que íbamos conociéndonos mejor, descubrimos otra forma de apego que se relacionaba directamente con el ego.

Necesitábamos producir en los demás un determinado efecto que nos obligaba a comportarnos contradictoriamente con lo que en realidad sentíamos o deseábamos.
Nos resultaba demasiado gratificante ser admirados y necesitados, con lo cual nuestros actos estaban siempre mediatizados por los efectos que deseábamos obtener.
Sin embargo, hoy nos sentimos como nunca imaginamos. Y es que un estado equilibrado de serenidad no se parece en nada a los extremos polares de depresión y euforia en los que nos movíamos en el pasado y, como es lógico, desde ellos nunca habíamos podido tener acceso a la verdadera armonía que hemos logrado conocer a base de ser consciente de nuestros pensamientos y emociones.

En este momento el Universo nos ofrece la oportunidad, de compartir con los demás las enseñanzas que nos han legado.

Además, nuestra intuición nos dice que debemos escribir este método de trabajo personal y entregarlo en servicio impersonal por si a alguien pudiera serle de utilidad.

Esperamos haber suplido nuestras carencias literarias con la intencionalidad que nos mueve el hacerlo.
Pues la palabra por si sola no es suficiente para llegar a la “esencia” de quien la lee o escucha. Para eso ha de contener, además, la energía de amor suficiente para que sea leída o escuchada por aquel a quien corresponda aprovechar su contenido; así, el que expresa una idea y el receptor de ella, se convierten en la misma cosa, ya que de nada sirve el uno sin el otro.

Los hechos no necesitan demostración y las explicaciones que tratemos de encontrar sobre el cómo y el porqué de los mismos, no son más que el intento de incorporarlos a esa parte lineal de nuestra mente que se aleja mucho de esa otra mente ilimitada que el ser humano posee, aunque esto todavía, no se pueda demostrar científicamente.

Las disquisiciones filosóficas que surjan en torno a los hechos, serán también un intento de comprender al hombre en su maravilloso mecanismo cuerpo/espíritu y de dar respuestas, aun incorrectas, a sus interrogantes.

La ciencia importa, claro está, pero podemos y debemos aprovecharnos de los hechos, que siempre van por delante de ella. Y en cuanto a ellos, podemos asegurar que todo lo que decimos ha sido experimentado personalmente con muy buenos resultados.

Es por eso que nos sentimos en la obligación de entregarlo en servicio impersonal como aporte a la humanidad.

El que tenga oídos para escuchar que oiga

Nuestro único objetivo, durante tantos años de búsqueda, ha sido la eliminación de nuestro propio sufrimiento, lograr la propia paz, y llegar a la conclusión de que al eliminar el miedo, la ira, el enjuiciamiento etc. y equilibrar la autoestima, habremos salvado “nuestro mundo interno”. Porque si en nuestra mente no aparece el miedo, es que realmente estamos protegidos; y si no aparece la baja o la exagerada autoestima, es que nos consideramos con las mismas posibilidades que todos los demás y, a consecuencia de ello, tampoco aparecen las otras emociones como la ira, la culpa, los celos etc. que son las que alteran el equilibrio químico del cuerpo físico dando paso a las enfermedades.

Consecuentemente nuestra mente estará libre para experimentar solamente la excelencia en lo adecuado. Todo lo demás lo consideraremos secundario.
Vivir en el presente, momento a momento y en paz, es el propósito que nos impulsa y conduce continuamente.
Y aunque me encantaría que sanáramos, y confío en que así sea, este hermoso planeta con todo lo que contiene, hacer lo que hacemos por él, amarlo y perfeccionarnos, nos deja la tranquilidad suficiente como para que la crisis que atraviesa no nos produzca sufrimiento, ni siquiera desconcierto.
Creemos que si el grupo de personas que piensan de esta manera, aumentara lo suficiente conseguiríamos la masa crítica necesaria para la expansión mental, que nos llevara a la sincronización de los dos hemisferios cerebrales, y de esta manera impulsar al conjunto de la humanidad más allá de la genialidad.
Pues es sabido que de esa manera nos potenciaríamos solidariamente en una progresión geométrica que podría propiciar la transmutación de todo el conjunto.
Tenemos dentro de nuestro ser la capacidad para sanarnos a nosotros mismos, sanarnos mutuamente y sanar al planeta.
Solamente tenemos que descubrir ese poder y hacerlo emerger.
Para ello podemos usar el toque de nuestras manos, el poder del pensamiento y, sobre todo, el amor de nuestro corazón.
El método que proponemos es simple, como se puede apreciar en el capítulo del método, que una página sería suficiente para contener la información necesaria para practicarlo a la perfección.


Con lo cual, el resto del contenido de este texto es explicativo en cuanto a beneficios, actitudes y obstáculos que se pueden presentar. Y sobre todo pretende dar respuesta a las múltiples preguntas o trampas– que nuestra mente finita nos plantea; ya que ésta, al estar dominada por las emociones, nos limita el acceso a esa otra mente nuestra que va más allá de los límites del cerebro y en la que se encuentran las respuestas a todas las incógnitas.

El ser humano es una unidad psicosomática y espiritual. Es decir, constituido por cuerpo, mente y espíritu. Y esta técnica pretende fusionar esos tres elementos con la intención de liberarnos del sufrimiento y poder utilizar al máximo nuestros potenciales mentales y energéticos para convertirnos en seres felices, creativos y a ser posible geniales.

Pero este escrito debe leerse, además de con la mente, con el corazón; porque si ambos no están completamente abiertos, la información no llegará a los correspondientes centros donde ha de ser registrada y procesada. Si se crea la dicotomía entre ambos, estaremos continuamente extrapolándonos con el consiguiente peligro de perder la oportunidad de aprovechar los beneficios que la práctica de este sistema puede aportarnos.

Las ideas deben ser estructuradas por la mente pero sabiamente mezcladas con el bálsamo del corazón. Los procesos intelectuales son más lentos que los del corazón, pero no debe haber desarmonía entre ambos, pues los dos son necesarios para evolucionar.


Para practicar este método no hay que dominar ninguna disciplina, ni es algo en lo que haya que creer. Todo el mundo, independientemente de sus creencias o enfermedad, puede ejercerlo. Pues se trata simplemente de ser consciente de lo que sentimos para poder darle a las emociones dañinas y a los malestares físicos un sencillo tratamiento, con la intención de que dejen de hacernos sufrir. Y cuando se practica, siempre aporta magníficos resultados; pero hay que ejercitarlo y, aunque es muy simple, hay que hacerlo; y si se hace funciona.


La consecuencia será que el miedo y la irá se vayan extinguiendo, aumentando así nuestra confianza en “el apropiado proceso que es la vida” y en nuestro poder para elevarnos por encima de cualquier dificultad, ya que detrás de cualquier aparente desgracia siempre hay una lección que hemos de aprender, una oportunidad para evolucionar. Y comprender esto es muy importante porque dejaremos de sentirnos víctimas de las circunstancias.

¿Imaginemos como sería moverse con serenidad y aceptación en los ambientes más hostiles, donde normalmente lo que se quiere es huir porque la presión del sufrimiento se hace insoportable? Diariamente a la hora de las noticias, nos sorprenden en televisión escenas de esa índole y nos vemos obligados a cambiar de canal, porque no podemos soportar el malestar y preferimos apartarnos de ello a golpe de dedo en el mando a distancia. Que esas imágenes dejen de aparecer ante nuestros ojos no significa que dejen de existir, pero nos decimos: "¿para qué sufrir gratuitamente si no podemos hacer nada para remediarlo?", Pero sí podemos hacer algo, y con un ejercicio tan rápido como cambiar de emisora. Con ello conseguiremos, sin tener que cortar la noticia, si queremos estar informados, disminuir nuestro malestar hasta eliminarlo, y eso por sí solo ya sería motivo suficiente; pero, además, al estar transformando una energía de sufrimiento en otra de amor, es seguro, que de alguna manera ese hecho repercute en el conjunto de las energías sutiles que nos afectan a todos constantemente.


No somos más humanos por sufrir ante el sufrimiento ajeno. Podemos alejarnos de esa estéril actitud transformando esa energía negativa en un proceso creativo y productivo para nosotros y para el conjunto.
Nos equivocamos cuando pensamos que sabemos lo que los demás sienten, creyendo que tenemos que actuar de una determinada manera para aliviar su sufrimiento. En esos momentos en los que sufrimos a causa de la contemplación de lo que interpretamos como sufrimiento ajeno, lo único que es absolutamente seguro es que nosotros estamos sufriendo y lo único que debemos hacer es actuar para que ese sufrimiento, nuestro, se extinga.


En realidad nunca sabemos como se sienten realmente los otros, solamente podemos intuir cómo nos sentiríamos nosotros al estar en su lugar, pero eso también es imaginario, porque tampoco sabemos cómo encajaríamos nosotros esa situación en el caso de que nos tocara vivirla; luego entonces, es irreal, absurdo, y por lo tanto un padecimiento inútil.

Todos estamos de acuerdo con la afirmación de que el amor es el sentimiento más pleno y noble que puede experimentarse. Forzosamente ésta debe ser la Energía que nueve el Universo. Pero aun sabiéndolo, no encontramos la manera de canalizar adecuadamente ese potencial que todos poseemos, para nuestro provecho, el de nuestros semejantes y el del conjunto planetario.

Al utilizar adecuadamente este método, y ya he dicho que eso es asequible a cualquiera, se irá reduciendo hasta extinguirse nuestro sentimiento de culpa por no estar contribuyendo a la paz del mundo, a la erradicación del hambre, a la supervivencia de las especies vegetales y animales, a la conservación del planeta etc., ya que podremos utilizar, para colaborar en ello, todas las noticias, imágenes, pensamientos etc. en el preciso momento en que así lo deseemos que continuamente nos atormentan y ante los que nos sentimos tan permeables e impotentes. Esto no nos excluye a la hora de comprometernos con cualquier causa de orden humanitario o ecológico, sino que de esta manera no estaremos malgastando inútilmente nuestra energía, dramatizando o culpabilizando a los demás o a nosotros mismos por no estar actuando adecuadamente. Y emplearemos ese potencial energético para la compasión, la aceptación, la creación y la acción apropiada.

Lo que se pretende con este método es el adiestramiento en un nuevo lenguaje energético de comunicación que nos una con todo lo creado; de manera que podamos esculpir nuestras vidas en completa consonancia con la verdadera evolución. Pero cada uno debe aprender hacia dónde dirigir sus esfuerzos y cuales serán sus objetivos y los medios para obtenerlos, escuchado en su interior, para no permanecer en esa confusión a la que nos ha llevado el habernos proyectado tan lejos y hacia fuera de nosotros mismos.

Con este método nos conoceremos mejor: lo haremos a través de la atención y la observación de todo lo que sintamos, pero ese no es el objetivo. El objetivo es la eliminación del sufrimiento y la unión con todo lo creado. Esa unión nos permitirá encontrar el propósito de nuestra vida que ya no se centrará en nuestro reducido mundo individual, por ser algo superado, sino en algo mucho más ambicioso: la evolución del conjunto.

Quien quiera que seas, no estás leyendo esto por casualidad. Lo hemos escrito porque de alguna manera estamos siendo impulsados a hacerlo desde una parte nuestra que no atiende a razones. Y por experiencia sabemos que cuando esto nos sucede, “es preciso que lo hagamos”, aunque desconozcamos el motivo. Quizá alguien –quizá tú– necesitaba leerlo. Pues somos muchos los que ahora, en este planeta, estamos “percibiendo” más allá de nuestras limitaciones de los cinco sentidos y del mundo inmediato que nos rodea.

El milagro lo hace siempre el hombre, cuando en unas condiciones determinadas sintoniza con el potencial divino puesto a su disposición. Hay un puente interrumpido entre tu “yo individual” y el “Dios infinito” que está diciéndonos: “ÚSAME”, pero no nos han enseñado a utilizarlo. Si crees que es así y quieres, aquí puedes aprender una forma de hacerlo, pero si después de conocer este método no te sientes atraído, no importa, existen otras muchas maneras de usar ese puente, sigue buscando la que creas más apropiada para ti.

El Método o Técnica

Es mejor que pongamos en nuestra mente la idea de que esta técnica consiste en una actitud diferente ante la vida y no en un constante trabajo.
Si lo enfocamos como más trabajo lo rechazaremos más fácilmente porque estamos artos de tanto trabajar. Por eso preferimos denominar la acción de practicar la técnica como “tratamiento” en lugar de como trabajo.
Cuando pensamos, hablamos o vemos algo, nuestras células vibran. Esto hace que algo se transforme en la compleja maquinaria que es nuestro cuerpo. Para que esta técnica sea efectiva tenemos que conocer y admitir el hecho de que poseemos el poder de acceder, tan sólo con nuestra intención, a la transformación de la química interior de nuestro cuerpo, para poder conseguir nuestro equilibrio físico y mental y, consecuentemente, nuestra sanación, en el caso de que estemos enfermos. Podemos imaginar que poseemos, porque así es una varita mágica que transmutará, dentro de nosotros, cualquier cosa que deseemos.
Se trata de poner en marcha, con un solo pensamiento, todo un mecanismo, que desencadene el poder necesario para limpiar nuestras emociones y esto afectará a nuestro cuerpo físico y mental.
Con ello permitiremos transformar en luz la oscuridad en que vivimos, desprendiéndonos de la culpa, la ira y el miedo que nos mantienen cautivos de nosotros mismos.


Las posibilidades de actuar con esta técnica y sus beneficios son infinitos. Y sería ideal que, con el tiempo, a base de irla introduciendo poco a poco en nuestra manera de entender la vida, se convirtiera en una práctica cotidiana, sirviéndonos continuamente de su inmenso poder, hasta estar lo suficientemente liberados como para no necesitarla para nosotros mismos, y empezar a usarla, para “iluminar”; es decir, no servirnos de ella para mitigar nuestro sufrimiento si no por el bien del “conjunto planetario” y para ser punto de referencia para los demás.

Esta enseñanza pretende transmutar la energía de sufrimiento en energía sanadora. Y es un método asombrosamente adecuado para esta época de desenfrenadas ocupaciones, donde no tenemos espacio material para prácticas que nos roben un tiempo del que no disponemos.

A esta técnica no hay que dedicarle un tiempo físico, sino un espacio mental, ya que se practica sobre la marcha, es decir, que en cuanto percibimos en nosotros una reacción emocional en forma de molestia, rabia, desagrado, enfado, celos, ira, etc., ya tenemos presente la oportunidad de suprimir ese conflicto, con un solo pensamiento.

Es, además, un doble instrumento porque, sin ni siquiera darnos cuenta, poco a poco, nos iremos haciendo conscientes de lo que pensamos y sentimos, con el consiguiente beneficio de no vernos constantemente arrastrados por pensamientos y acciones inconscientes e incontroladas.
Esta no es una acción que se nos pueda imponer desde fuera, sino que cada uno se irá despojando, a su propio ritmo, de sus conflictos individuales hasta dejar paso al “ser” que alberga en su interior y que es el autentico Yo que siempre pugna por salir y al que le es imposible emerger por la cantidad de cargas emocionales que se lo impiden desde el subconsciente.


Y ésta es también otra ventaja del método: no es imprescindible saber porqué ni cómo, todo ese “material emocional” ha llegado a formar parte de nosotros. Evidenciamos que está ahí porque el iceberg de los múltiples sentimientos, que son los síntomas del cuerpo emocional, nos lo demuestran, con sus constantes manifestaciones de molestia, desagrado, enfado, rabia etc., y a los que tenemos que estar agradecidos porque nos aportan la clave para desactivar su “carga destructiva”, ya que donde están ellos, está el interruptor para desactivar el cuerpo emocional.

Al principio, hasta no empezar a comprobar los beneficios, no estaremos muy seguros de lo que estamos haciendo en realidad, y desde luego atravesar la delicada etapa de las resistencias, de los intentos de razonar y ver la lógica, serán el obstáculo principal, ya que nuestra mente, que necesita tenerlo todo instalado en su sitio justo, para no perder el control, rechaza sistemáticamente cualquier acto novedoso que la obligue a trastocar su orden establecido, aunque éste nos esté manteniendo en un precario estado de salud física o mental. Por eso, al principio, la perseverancia será un arma imprescindible, ya que solamente la práctica insistente podrá despertarnos del letargo que nos impide nuestro crecimiento personal.
Es posible que no se sepa si se está haciendo bien hasta que las resistencias desciendan su intensidad y permitan reconocer los primeros resultados, pero una vez culminada esa fase, será menos dificultosa la superación de la duda.


La duda es un arma muy poderosa que utiliza el cuerpo emocional y puede aparecer disfrazada de muchas maneras. Hemos de aprender a reconocerla para que no nos domine la confusión, porque en cuanto ésta aparece solemos tomar el camino más sencillo que es el de no aplicar el tratamiento. Los trucos mentales, que ya sabemos que están al servicio del cuerpo emocional, nos harán creer que lo mejor es conservar el equilibrio ya establecido sin que haya necesidad de seguir avanzando, pero no olvidemos que eso es sólo una trampa.

Para evitar el peligro de rendirse en esa primera etapa en la que, como hemos dicho, la mente no quiere aceptar sin “razonar” porque quiere “comprender”, debemos darle al intelecto el alimento que nos pida, en forma de respuestas lógicas que tranquilicen el insaciable apetito al que le tenemos acostumbrado, pero sin detener la práctica, porque en cuanto la abandonemos, nuestro subconsciente habrá conseguido arrastrarnos a la posición en la que él vuelve a llevar el control absoluto y nos será mucho más dificultoso retomar el ritmo.

Tengamos en cuenta que durante mucho tiempo le hemos concedido al subconsciente una autoridad que no podemos arrebatarle ahora de golpe. Por eso, siempre que intentamos, conscientemente, incorporar a nuestro ritmo de vida alguna novedad, nuestra parte mental inconsciente –que ya sabemos que está subordinada por el cuerpo emocional se resiste, y en cuanto bajamos la guardia, volvemos a perder nuevamente el control consciente de la situación, siendo impulsados a la vieja costumbre. A esto nos referimos cuando decimos que nuestra mente no desea nada novedoso que haga peligrar el intrincado equilibrio en el que se haya inmersa, aunque éste sea un frágil estado de supervivencia. Ese es un perfecto mecanismo de defensa cuya misión es proteger nuestra integridad, pero que, en los casos en que nosotros, conscientemente, pretendemos llevar las riendas, actúa como una trampa para que terminemos desechando el intento. En eso consiste uno de los cometidos del subconsciente y, afortunadamente, –de otra manera enloqueceríamos– lo cumple a la perfección.

La práctica de esta técnica conseguirá que nuestro estado físico mejore aun en el caso de que no estemos enfermos siempre se puede estar mejor porque la demolición de las emociones nocivas romperá las conexiones de los procesos mentales a las que éstas estaban sujetas, permitiendo una mejora del flujo energético que ira reequilibrándonos íntegramente.

Los beneficios empiezan a obtenerse aun sin haber atravesado la etapa de las resistencias. Y si la entrega en la ejecución de la acción es absoluta, la respuesta se constatará en el mismo momento, y el malestar, con toda su carga oculta, se desvanecerá automáticamente, dando paso a una sensación de indescriptible bienestar.
En cuanto nos descubramos en una emoción que nos cause desazón, fastidio, incomodidad etc., recordemos que poseemos un infalible y rápido instrumento para deshacernos de ella. De esa manera estaremos “recibiendo” conscientemente –del universo– para nosotros y “entregado” –desde nuestro corazón– hacia fuera. Pero si no nos acordamos, no importa, no pasa nada, ya volverá a presentarse una situación parecida en que volvamos a tener una oportunidad similar. Pues, constantemente, esos mensajes están impactando hacia fuera, desde nuestro interior, como indicadores luminosos, que tienen la intención de alertarnos del peligro que tras ellos se cierne. Y no dejarán de hacerlo mientras vivamos, a menos que hagamos algo al respecto. Cuando esos malestares dejen de aparecer, será cuando sabremos que nuestra acción ha sido efectuada adecuadamente.


Los resultados serán tan rápidos como nosotros nos permitamos y uno nunca sabe realmente, cuanto se permite, porque eso se esconde en una parte de nosotros mismos a la que no tenemos acceso. Unas personas tienen más resistencias que otras y eso requiere mayor insistencia. Unas personas tienen más prisa que otras y eso también puede entorpecer y ralentizar las respuestas. La calma y la insistencia, en estos procesos, son siempre buena consejera, es preferible ir sin prisa pero sin pausa y sobre todo no poner grandes expectativas.
Las expectativas y el deseo exagerado dividen la atención, que ha de estar al máximo posible en la “observación”, aunque el espacio de tiempo que se le dedique a esta observación sea mínimo. Lo mejor es empezar a practicar y ver qué pasa, pues las valoraciones son absolutamente personales, sin que tengamos que medirnos con nadie.


Será como vivir en una constante expresión de entrega consciente a la vida, de fusión con los acontecimientos, para sumergirnos en la pulsación de la existencia formando parte de ella pero sin tomar partido, espectadores y actores a la vez, observadores pasivos en cuanto a juicio, y activos en cuanto a transmutación de energías negativas, participando en el proceso de la creación al mismo tiempo.
La integridad en la entrega, a la hora de canalizar y expandir la Energía, ha de ser absoluta, como lo haríamos al acariciar a un hijo o a la persona más amada, o sea, sin esperar recompensa de ninguna clase. Pero la Energía del Universo, que actúa como un bumerang, siempre termina retornándonos, con creces, aquello que nosotros hemos contribuido a crear, tanto si es positivo como si es al contrario.


Si se actúa pensando en uno mismo –aunque finalmente sea uno mismo el directo beneficiario– el efecto no será igual. La Energía divina se bloquea cuando se interponen dobles intenciones. Sólo fluye correctamente si la entrega es pura. Y nosotros siempre sabemos, en nuestro fuero interno, cuando realmente lo es.
A veces la resistencia a “amar” a alguien o a algo hacia lo que sentimos mucho rechazo puede ser demasiado intensa y, en esos casos, sólo querremos huir, sin embargo, será ahí, precisamente, donde tendremos que perseverar, sin olvidar que si la presión se nos hace insoportable, habremos de concedernos el tiempo necesario para que la experiencia no nos resulte tan violenta. Y esto no debemos tomarlo como un fracaso, sino con el reconocimiento de que esa emoción está más intensamente enraizada en nosotros, pudiendo realizar breves intentos, como si fuésemos desprendiendo capas de una cebolla hasta que, por fin, lleguemos al núcleo. Hemos de aprender a descubrir donde está nuestra justa medida, para sin dejar de tratarnos, no ir más allá de nuestras personales limitaciones. Si transgredimos esas limitaciones, también nos arriesgamos a una rendición.


No debemos intentar transformar o cambiar nada, tanto fuera como dentro de nosotros, –aunque, de hecho, la transformación se produzca– si no aceptar que, por alguna razón, ciertas cosas, hechos o personas, nos producen unas determinadas reacciones, –dependiendo de nuestras “cargas” emocionales– cuya existencia se nos evidencia con malestares físicos o emociones incontrolables. Lo que debemos hacer siempre es enviar Energía de Amor al efecto que se nos presenta, para así tratar la causa, oculta, que puede corresponder a infinidad de razones, que siempre se relacionan con vivencias de nuestro pasado reciente o remoto. Pero no hace falta que conozcamos ese pasado ni los hechos por los cuales, ahora, se nos manifiestan. Al conseguir que la emoción disminuya su intensidad o se extinga por completo, habremos logrado, por una parte, nuestro aumento de tranquilidad, que afectará directamente en nuestro bienestar físico, mejorando nuestra salud, si estamos enfermos, o impidiendo que la enfermedad se presente, si estamos sanos. Y por otro, estaremos generando la transmutación de una energía negativa, por otra positiva, siendo fácilmente comprobable, porque en cuanto mejora nuestro estado interno, las relaciones externas lo notan tanto, como lo hacen las que tenemos con nosotros mismos y con aquellos con los que convivimos.

Estaremos realmente sanos y seremos verdaderamente libres cuando nada ni nadie nos produzca molestia, fastidio, desagrado, etc., esta será la consecuencia de haber desechado la ira, el miedo y la culpa. Pudiendo aceptar cualquier suceso sin tener que juzgarlo ni clasificarlo: actos que son el sustento del cuerpo emocional que cuando no es tratado con Energía espiritual nos devora el corazón.

Esta técnica consiste en la acción de la no reacción para transmutar la energía de sufrimiento en Energía de Amor. Cuando reaccionamos ante lo que interpretamos como una agresión, estamos permitiendo ser invadidos por la misma energía que la agresión contiene; cuando nos hacemos conscientes de ello y permitimos que la Energía del Amor entre en acción, estamos abriendo paso a una energía de mayor vibración y con ello desactivando el poder que cualquier energía inferior pueda tener.

Con el tiempo, comprobaremos también, que al estar fluyendo con la Energía creadora del Universo nos estaremos moviendo en la excelencia; esto significa que el Cosmos, Dios, el Yo superior, o como queramos llamarlo, nos facilitará el camino para seguir adelante en nuestra trayectoria evolutiva, sin correr ningún peligro. Y aunque tropecemos con situaciones aparentemente perjudiciales, quizá éstas hayan de presentarse tan sólo para ir a mejor o para hacernos tomar una dirección más adecuada. Porque utilizar esta técnica es entrar en armonía con la fuente de todo lo creado, permitiendo que su frecuencia actué en consonancia con nosotros y empecemos a experimentar maravillas.

Descubriremos, con la práctica, que al mejorar nuestro enfoque, desaparecen los picos extremos en nuestros estados de ánimo dejando de pasar de un estado de euforia a otro de depresión.
El hecho de no tener que tratarnos de una forma determinada nos abre un abanico de infinitas posibilidades. La periodicidad de la práctica es absolutamente personal. Cuando se tiene la intención de realizar la acción en que consiste la técnica; cualquier ritmo con el que se haga estará bien, será perfecto. Tu mandas, tu decides, tu eres el dueño de tu proceso. Lo único importante es no alejarse nunca de la práctica, realizándola al menos, una vez al día. Pero aunque así fuese, y por algún motivo nos alejamos de ella por un tiempo, también hemos de aceptarlo porque quizá necesitemos hacer una pausa para asentar la idea, o incluso puede que no sea nuestro momento para practicar este método y tampoco por eso hemos de culpabilizarnos. O quizá no sea este un sistema apropiado para nuestra personalidad. Pero antes de rechazarlo deberíamos asegurarnos de si ese “convencimiento” no se debe a una trampa que nos pone nuestro cuerpo emocional para seguir llevando las riendas de nuestro proceso de vida.



No hay comentarios: