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viernes, 1 de agosto de 2008

La experiencia del "Camino de Santiago"

Hola amigos

Hace un par de años decidí vivir la experiencia de recorrer el camino de Santiago, y puesto que no dispongo de demasiado tiempo, tomé la decisión de ir recorriendo el camino mágico por etapas.
En total llevo recorridos casi 300 Km. y solo puedo decir que es una de las experiencias más bonitas y trascendentales que he vivido en toda mi vida.
Muchas veces he pensado como transmitir lo que se siente al iniciar el trayecto, y experimentar la conexión con uno mismo a medida que avanzaba por sus trazados, hasta que en mis navegaciones por la red encontré este escrito.
Un peregrino sintió esa misma necesidad, y la plasmó de una de las formas más claras y más bellas que he visto jamás, y por eso pienso que vale mucho la pena compartirla con vosotros.
Esta primavera continuaré con la tercera etapa de cinco dias y me voy solo, así que si alguien de los que leais esto os quereis apuntar, ya sabeis donde estoy.
Feliz lectura!!!

¡BUEN CAMINO! 

Mis reflexiones sobre el camino de Santiago 

 

Por José Pedro García Miguel 

 

¡BUEN CAMINO! ¡Qué maravillosa frase! Desear a otros que su 

andadura, su experiencia, su ruta, sea buena. Y deseársela a todo el 

mundo, la mayoría de ellos desconocidos. Y la réplica por parte de los 

otros… ¡buen camino!, todos apuntando en la misma dirección: la 

catedral de Santiago. 

 

Este es el saludo de los peregrinos a Compostela. Acabo de terminar 

mi semana de caminante a Santiago, y todavía estoy imbuido de la 

magia de esta experiencia (que espero me dure lo máximo posible), 

experiencia que todo el mundo debería tener al menos una vez en la 

vida. 

 

Si hay alguna sensación que me preside ahora, o algunas de ellas, 

son el orgullo de haber alcanzado la meta, pues como prueba física 

ha sido un gran reto y una dificultad importante que solventar.

Siento plenitud al haber tomado contacto con las cosas importantes 

(la mayoría de las veces las pequeñas cosas), y a que hoy siento muy 

pocas ganas de tener y muchas de ser. He vivido 7 días con lo justo, 

y paradójicamente, cuanto menos he tenido y más he compartido, 

más plena ha sido mi vida. Justo lo contrario del día a día en el que 

estamos inmersos habitualmente. ¿cómo nos permitimos estar tan 

engañados en nuestras vidas? 

 

El camino es una experiencia que puede ser enfocada desde muchos 

puntos de vista: el reto, la superación personal, el reencuentro con 

uno mismo, lo espiritual, lo religioso, el compartir con amigos y seres 

queridos, lo lúdico, la aventura, el conocimiento de otros… 

 

Pero lo que está claro es que es una manera de contactar con lo que 

tú decides, completamente distinta de lo habitual, pues nadie te 

regala nada, y lo que consigue es fruto del esfuerzo personal. No es 

cómodo, pero como dice Vicens Olivé, la libertad se encuentra más 

allá del área de seguridad. Y en el camino, y por encima de todo, uno 

se puede sentir muy libre. 

 

Todo lo que te rodea genera una atmósfera de convivencia, de 

disfrute de la naturaleza, apreciando el viento, los sonidos o un trago 

de agua fresca como si fuera un extraordinario regalo del universo. 

 

Los parajes y los caminos son preciosos en muchos tramos, y la lluvia 

y el sol se confabulan para que vivas la naturaleza y tu propio 

esfuerzo desde un crisol absolutamente variado de puntos de vista, 

más lo que implica el continuo encuentro con otros, que comparten al 

menos una misma meta geográfica, un horizonte común que alienta a 

todos a seguir… ¡buen camino! Se oye una y otra vez…. Estás solo 

pero formas parte de un todo que te trasciende, eres parte ya de un 

camino hollado por miles de peregrinos antes que tú y que será 

hollado por muchos otros después. Y sólo por el hecho de estar ahí y 

de entregar tu esfuerzo y tu energía, parte de tu alma ya se ha 

integrado en la vida de esta ruta. 

 

Quizá una de las partes más enriquecedoras del camino es el hecho 

de conocer y abrirse a la gente que participa de esta maravillosa 

experiencia. Porque es sorprendente la cantidad de personas que 

peregrinan, de tantas nacionalidades (aunque los italianos son 

legión), personas con ocupaciones tan diversas, solos (el peregrino 

que viaja solo es proporcionalmente mayoritario, lo que ha sido una 

auténtica sorpresa para mi. Me creía más raro), en parejas, en 

grupos, con amigos, invidentes con sus guías, familias con niños, en 

bicicleta, a caballo, e incluso ¡una joven madre con un crío en un 

carrito! 

 

Solo el hecho de haber decidido realizar el peregrinaje, utilizar el 

tiempo, la ilusión, las vacaciones para esta experiencia, da un toque 

especial a toda esta gente. No es que todo el mundo no lo tenga, que 

lo tiene, sólo que en este caso las personas se han atrevido a sacarlo, 

a vivir la magia que uno lleva dentro y compartir la de otros, a veces 

con un esfuerzo personal muy importante. Son seres humanos que 

merecen al menos allí y en ese momento mucho la pena. 

 

Y otra de las grandes aportaciones de esta aventura, como dice mi 

amiga Anna, compañera de un día duro del camino, es que la filosofía 

que preside tu relación con los demás es la confianza, la presunción 

de inocencia, el creer de entrada en la bondad y buenas intenciones 

de un peregrino que tiene en común el ser peregrino como tú. Te 

alejas fluidamente del miedo a los otros, del afán de protección, de la 

necesidad de seguridad y de blindarse ante los que nos rodean. Aquí 

la seguridad te la da el hecho de pertenecer a la comunidad que 

peregrina. Se podría decir que  es un pequeño ensayo de cómo sería 

el mundo si en vez del miedo y el competir, se viviera desde la 

confianza y el compartir. Y sinceramente, ¡es muy atractivo!  

 

¿te imaginas entrar en un albergue a dormir en literas, donde a priori 

todos los que te rodean merecen mucho la pena, te apoyan y 

comparten contigo lo poco que tienen, incluso sin pedirlo? 

 

Esta sensación no tiene precio. El camino de Santiago es un fiel 

reflejo de la profecía que se autocumple: la realidad que vivo es la 

realidad que yo provoco a través de lo que yo creo que va a suceder; 

que supone una gran diferencia con la vida cotidiana de muchas 

personas marcadas por la resignación o la desesperanza, ya que en 

este caso, lo que se genera son mayoritariamente cosas buenas. 

 

El camino te pone en contacto directo con tu cuerpo. Este ha sido 

otro gran descubrimiento para mi. Gracias al cuerpo puedes ser 

peregrino, y sobre todo gracias a pies, rodillas, piernas, hombros y 

riñones, que puedo decir con certeza las partes que uno exprime con 

más fruición. 

 

Tanto tiempo juntos, y tan poco atendidos, sin hacerles apenas caso. 

He descubierto el cuerpo de nuevo, me he hecho su amigo, pero 

ahora la amistad es recíproca, y no como antes, solo para pedir. 

Ahora mimo mis pies, le hablo a mis piernas, doy gracias a mis 

hombros e intento darles a todos lo mejor que tengo para su 

bienestar. ¿Y qué decir de mi corazón, y mis pulmones? La lista de 

agradecimientos no tendría fin…. 

 

No hay nada como el esfuerzo físico y el dolor para estar aquí y 

ahora. El Presente es lo que hay, el cuerpo y la naturaleza traen 

continuamente nuestra atención al momento, impidiendo que el 

habitual parloteo mental se extralimite, como tiene a gala hacer con 

excesiva frecuencia. Es un volver al presente que te impide vivir más 

allá del ahora mismo, y que creo que es el gran reto del ser humano 

en pos de la felicidad. 

 

El cubrir etapas en la peregrinación es una manera de 

compartimentar el acceso a la meta final. Si no se hiciera así, 

veríamos imposible hacer 800 km a pie desde Pirineos. Aquí toma 

plena vigencia el hecho de que un largo viaje comienza con un primer 

paso, y te acostumbras a ser realista con tus avances, y ha aceptar 

los miles de pasos del camino como parte de su filosofía y 

aprendizaje. También he visto como contrapartida como mucha gente 

(incluido yo, hasta que tomé conciencia del sinsentido para mi) 

convertía el camino en hacer etapas lo más rápidamente posible, 

según lo planeado, y si son más kilómetros, mejor, conviertiendo 

todo esto en el principal leitmotiv, como fiel reflejo del mundo en que 

vivimos…. Competir, correr, avanzar…. ¡siempre adelante! pero… 

¿para qué? 

 

El camino me ha enseñado a ir paso a paso, a tomar conciencia de 

ellos, y que además puedo elegir con total libertad y sin 

condicionamentos como hacer y vivir la ruta, y como disfrutarla. En 

los primeros días también caí en la trampa de cubrir etapas, 

expectativas, planes y criterios, a costa de perderme lo imprevisto, 

que es casi todo. Pero luego he sabido rectificar y he convertido mi 

ruta en un aprendizaje dinámico y pleno de disfrute, lleno de pies en 

un riachuelo, paradas a hablar con alguien, o a admirar un paisaje, o 

sencillamente oler y respirar profundamente, o desviarme y 

tumbarme en un prado… 

 

¡Qué conexión con la naturaleza! Qué cantidad de robles haciendo 

bóvedas de sombra en caminos rodeados del color verde, con 

subidas, bajadas, y el paisaje de la Galicia rural apareciendo entre la 

bruma como si fuera una postal viva divisada desde lo alto de una 

loma… 

 

Cada uno tiene sus motivos para hacer el camino, e indistintamente 

de los que éstos sean, todos son muy respetables. En mi caso lo hice  

y fui solo, para coger distancia, re-construirme, llenar la cantimplora 

del espíritu, que estaba en mínimos, sobrepasado por el tener, y 

abrirme a la experiencia de tal manera que el universo me dijera lo 

que tenía que decirme, y me mostrara lo que tenía que mostrarme. 

 

Y efectivamente, y hasta el último instante (sobre todo en el último 

instante), mi aprendizaje ha sido extraordinariamente enriquecedor, 

y en muchos casos no me preguntes porqué, pero hay ciertas cosas 

que han calado (supongo que es la magia del camino) y que queiro 

compartir contigo… 

 

- He decidido renovar mi voto de confianza hacia las personas. 

He visto y he vivido demasiadas cosas en el camino como para 

no hacerlo 

- Quiero volver a ser peregrino, en solitario de nuevo, abierto a 

la experiencia, y sin planes. Mi meta no será llegar a Santiago. 

Será vivir el camino 

- Me he reafirmado en que la vía espiritual, y dios, o Buda, o Alá, 

o el Universo, llámese como se llame, está presente en los 

corazones de los hombres, y que el cultivo de esta vía es la que 

provoca la plenitud. La búsqueda de la plenitud por otras vías 

prescindiendo de lo espiritual, están abocadas al fracaso 

- He conectado con mi cuerpo, y estoy dispuesto a honrarlo como 

parte de mi 

- He descubierto el vivir paso a paso, y me he comprometido a 

dedicar mucho mas tiempo a lo que provoca mi plenitud, y al 

momento presente, sin prisa y sin pausa 

- Y una vez más he comprobado el espíritu de superación del ser 

humano, que no conoce barreras. Personas desde Roncesvalles, 

que no podían casi andar, avanzando por caminos y crestas 

solo movidos por su fe, ha sido una experiencia increíble de 

ver. 

 

Yo mismo he vivido la sensación extraordinaria  de estar entrando en 

Santiago sin fuerzas, andando a pasitos por el dolor, y ante la vista a 

lo lejos  de las torres de la catedral, erguir el porte y ver como otros 

en mis circunstancias o mucho peores hacían lo mismo, y con 

dignidad y orgullo acelerar el paso, un paso firme e impensable 

momentos antes, como si una magia te recorriera el cuerpo y te diera 

fuerzas sacadas de no se sabe donde para avanzar, como si tuviera el 

poder de anestesiar el cansancio  y los dolores, y convertirlos en 

energía. Ese domingo entrando en Santiago, renqueando y digno, me 

mostró que las personas, alumbradas por ideales y sueños, no tienen 

límites. Y lloré al ser testigo de ello, de alegría y de gratitud. 

 

Hoy siento un gran orgullo al poder decir que soy peregrino del 

Camino de Santiago. 

 

 

                                                          José Pedro García Miguel 

 

 

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